Viernes 06.03.2009
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La copiosa producción de 1962 ofreció decenas de sugestivos filmes. Los residuos neorrealistas pasaban a la marginalidad (De Sica, Rossellini, Lattuada…) y una nueva vanguardia (Pasolini, Bertolucci, Rosi, Bellocchio, Zurlini, Petri, Taviani…) se disponía a disputar el futuro conviviendo con sus maestros (Visconti, Antonioni, Fellini…), ante los perseverantes lugartenientes intergeneracionales (Lizzani, Bolognini, Risi, Germi…) y las expectativas frustradas de belicosos francotiradores (Tretti, Eriprando Visconti, Caprioli, Brusati, Andrei…).
Si tuviera que elegir cinco filmes entre la producción del año, me inclinaría por: Mamma Roma, representación de la feminidad sufriente e indestructible, en el que Pasolini nos traslada, con las formas de la tragedia clásica, al mundo sórdido del subproletariado romano; El eclipse, donde Antonioni clausura su trilogía sobre la incomunicabilidad, y lleva el proceso de reificación del individuo a un punto de no retorno a través de la descripción del progresivo oscurecimiento del comportamiento humano ("eclipse de los sentimientos"); Salvatore Giuliano, ejemplar ensayo historiográfico y político en el que Francesco Rosi aborda la figura del célebre bandido siciliano, desmitologizándolo, sin concederle el estatus de sujeto dramático de la acción; I giorni contati, de Elio Petri, con una peculiar concepción del tiempo narrativo y una articulada combinación de recursos visuales y sonoros, es una desilusionada acta de acusación contra la alienación capitalista; con el fondo de una Florencia otoñal extraído de la pintura de Ottone Rosai, y sobre la narración autobiográfica de Vasco Pratolini, Crónica familiar, de Valerio Zurlini, mediante una cuidadosa atención a los mínimos gestos y una extrema capacidad de saturar la emoción del espectador, accede con extremo pudor al interior de sus personajes.
ezequielmv@telefonica.net

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