Viernes 06.03.2009
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LA JUSTICIA ESPAÑOLA ha ordenado detener a los tanquistas estadounidenses que en 2003 mataron al cámara con contrato-basura de Telecinco José Couso durante la toma de Bagdad, al disparar a un hotel con periodistas pero también con francotiradores de Saddam Hussein.
Algún juez de Kabul podría ordenar ahora la detención de los soldados españoles que ya han matado a inocentes afganos, aunque el cámara fue voluntariamente a Irak y los afganos se encuentran en guerra sin quererlo.
Este cronista quizás debería pedirle a la Justicia que persiga a los que lanzaban bombas en distintas guerras de las que informó, cuyas explosiones le han robado casi el sesenta por ciento de su audición.
O a la vietnamita que disparó a un coche bien identificado como "Prensa" y, que al matar al chófer, provocó un accidente que le destrozó la columna vertebral, dolorosa lesión de la que se resiente frecuentemente, pese a la cirugía.
Miles de periodistas acabaron sin problemas, o como el cronista, o como Couso, al que mataron creyeron que su cámara podía ser un arma como las que les disparaban desde todas partes: las grabaciones de los diálogos entre los tanquistas antes del disparo mortal son públicas.
Quien va a una guerra sabe que puede terminar herido o muerto. Una Justicia inteligente ordenaría la captura de los directivos de Telecinco por enviar al cámara a la invasión de Irak con un contrato-miseria eventual y sin seguro alguno.
Debería procesarse también a los periodistas que por erróneo compañerismo mienten al negar que en la zona del hotel hubiera francotiradores.
Créalo: detrás del caso Couso está una Justicia ingenua, desconocedora del periodismo de guerra, la bÚsqueda de indemnizaciones yanquis, y el ¡No a la guerra! contra Bush, Blair y, sobre todo, Aznar.
Periodista

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