Viernes 06.03.2009
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Cuando el PP nacional decidió reducir la acumulación de cargos, Baltar y Cacharro siguieron caminos distintos. El ourensano dejó el Senado y se mantuvo al frente del partido en la provincia. El lucense, creyendo equivocadamente en la fidelidad inquebrantable de su sucesor, prefirió seguir viajando a Madrid. El tiempo dio la razón al del sur, pues la Villa y Corte viste mucho pero el poder se mantiene estando a pie de obra. Desde entonces pasaron muchas cosas en la política y en la sociedad gallega, pero Baltar sigue en el mismo lugar de siempre: en primera línea. En este momento, además, aparece otro elemento a tener en cuenta. Su hijo pretende el cargo del padre. Lo cual es lícito, pero a veces no sólo hay que ser honrado. Por otra parte, sería injusto que llevar determinado apellido perjudique, aunque también se dirá que al menos en los inicios sí le benefició. El caso es que Baltar Blanco es hijo de Baltar Pumar, lo cual en estos momentos le resta posibilidades aunque todo el mundo coincide que precisamente en estos meses que ejerce de presidente en funciones del Parlamento lo está haciendo bien. En fin, que si hace diez años el Baltar de siempre acertó, es de esperar que ahora vuelva a repetirlo.

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