Martes 21.05.2013
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ENTRE TODOS los derechos inherentes al ser humano, ninguno es tan sagrado como el derecho a nacer. El nasciturus, esto es, el concebido y no nacido, ciertamente, no adquiere personalidad jurídica hasta que se separa del seno materno, pero esto no es óbice para que, desde el momento de la concepción, se establezca a su favor una expectativa de derechos que se consolidarán con el nacimiento. Alfonso XIII fue rey desde el momento de nacer, pues muerto se padre durante el embarazo de la reina Cristina, quedó en suspenso la sucesión a la Corona hasta ver si la gestación llegaba a buen fin.
Frente al derecho a nacer, ha surgido la aberrante teoría, fomentada por un feminismo de vía estrecha, del derecho de la mujer a abortar. Mal favor les hacen a sus madres tales feministas. Una famosa líder socialista, defensora del derecho al aborto, ha llegado a decir que el nasciturus es un ser vivo, pero no un ser humano, como si de cópula del hombre con la mujer pudiera salir una rana o una lagartija. Ya en Roma, se posponía la ejecución de la mujer condenada a muerte, si estaba embarazada, hasta después del nacimiento.
El humanismo cristiano ha defendido desde siempre el derecho del concebido a nacer. En esta línea de principio, el Gobierno de Rajoy debiera modificar con toda urgencia la normativa sobre el aborto dictada por los socialistas en las legislaturas pasadas Permanecer más tiempo en el error ni es comprensible para los votantes del PP ni es aceptable en una sociedad moderna, en la que los avances de la ciencia vienen a ratificar que el nasciturus es un ser humano, distinto e independiente de la madre, aunque ligado a ella durante la gestación.
Abogado

21.05.2013
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