Viernes 06.03.2009
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NO ME GUSTA tal dicho, pues creo que la desconfianza como norma de conducta permanente convierte al que la practica en un chiflado, un paranoico sin remedio. Ahora bien, confiar en quien miente por hábito es de gran temeridad. Ya Cristo advirtió a los apóstoles (Mateo, 10-16) que fuesen "sencillos como palomas y prudentes como serpientes". Al avispado es difícil que le engañen; si es gallego, mucho menos, y si, además, es político, ante la duda o lo desconocido, practica la vieja recomendación de "velas vir, deixarse ir e parar a tempo". Como dice mi amigo Enrique Santín, "el gallego sólo oye lo que ve".
Pues, miren ustedes por dónde, a mi admirado Rajoy se la han metido doblada dos veces en pocos días. Una, creyendo de buena fe que la información que le daba el Gobierno saliente sobre la herencia económico-financiera que iba a recibir era correcta, hasta el punto de que sólo a última hora, cuando estaba harto de predicar la tradicional doctrina liberal de "más sociedad y menos Estado", las cifras exactas con que se encontró le obligaron a modificar el discurso sobre la fiscalidad y no poner en riesgo la pertenencia de España, en situación relevante, al club del euro. Confiar en quien ha utilizado el engaño como instrumento de acción pública fue una temeridad, y en política, la ingenuidad es un pecado mortal. Esperemos a que, una vez superado el penoso trance, el Gobierno vuelva a la ortodoxia liberal.
La segunda ha sido ese nombramiento extemporáneo de Carmen Vela para la cosa de la Investigación. No se entiende que a una pregonera de Rubalcaba en la campaña electoral se la encumbre ahora a una secretaría de Estado. Infumable.
"Non creo nas bruxas; pero habelas, hainas".
Abogado

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