Viernes 06.03.2009
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Hace dos semanas, en ese impagable foro que es la edición digital de este diario, alguien, probablemente relacionado con Almilcar Barca, sugirió la idea de que expresase mi opinión sobre la destrucción del territorio a la que somos tan aficionados. Bien. En mi juventud los chistes no eran como los de ahora, pues cada época disfruta de su peculiar sentido del humor, así que no sé qué gracia podrá hacer el siguiente que recuerdo antes de seguir adelante: Está JC dirigiéndose a las multitudes y les dice: Por que y= 2px, a lo que Judas responde dirigiéndose a San Juan: xa está este con outra parábola.
Pues bien, y=2px. Supongamos que Botín hubiese adquirido Banesto por trescientos mil millones de pesetas y que el tal y así adquirido banco tuviese en caja una cifra de semejante envergadura. ¿Cuánto le hubiese costado la adquisición citada? ¿Deberíamos culpar a Botín por realizarla? ¿Deberíamos responsabilizar a quien la autorizase? ¿Tendrían algo que ver las leyes que lo consintiesen?o consintieron?
Y=2px. Si un constructor puede levantar un edificio de cincuenta pisos porque la ley se lo consiente ¿deberemos culparle por ello? Creo que no. Creo que deberíamos cambiar la ley para que esa barbaridad no pudiese ser tan benévolamente contemplada por ella. ¿Es posible hacerlo, es posible cambiar la ley? Me temo que es tan difícil como necesario.
Si la crisis causada por el capitalismo financiero trajo algo bueno para Galicia, ese algo, fue la detención de la barbarie que, en forma de miles de pisos, amenazaba con destrozar la costa norte a falta de una legislación que lo impidiese. La cosa viene de atrás. Si vemos como construimos, se está haciendo aquí mismo, en un Ayuntamiento tan paradigmático como el coruñés de Brión, y lo comparamos con la estructura castreña comprobaremos que hemos cambiado muy poco, o casi nada. No sé como se diría entonces, pero ahora todo se rige por el "ti vai facendo?" como consigna de combate con la que los alcaldes mantienen sin irritar a los electores y los arquitectos -que son quienes firman y autorizan los proyectos en sus colegios profesionales- adquieren motivos suficientes para hablar cada cierto tiempo del feísmo ya casi secular que nos invade. La culpa es de todos. Mía también, por mucho que viva en una casa que quise y quiero acorde con todo cuanto digo y pienso. Ya sé que es insuficiente e que cada un enterra ó seu pai como pode, pero éche o que hai, meu amigo, por moito que me gustase que deixase de habelo millor canto máis antes. Y conmigo a los más de los votantes. ¿O no? Y el caso es que, aunque pudiera parecerlo, no me lo tomo a broma, porque no es un chiste. Ni mucho menos.

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