Viernes 06.03.2009
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Las celebraciones, como la de ayer del Día Internacional de la Mujer, cuando se oficializan tienden a perder su sentido inicial. Resultan forzadas y un tanto artificiales. También el paso del tiempo puede cambiar su significado. La situación de hace cien años no es la misma que ahora. En el calendario demasiados días para ensalzar, recordar o celebrar los grandes valores. En este mes de marzo, por ejemplo, en la agenda figuran como mínimo los dedicados a la Clase Obreira Galega (mañana), de la Poesía, por la Eliminación de la Discriminación Racial, del Agua, de la Meteorología, el de la Tuberculosis y el del Teatro. Como se puede apreciar, son de lo más variopinto y alguno de ellos difícil de entender. A no ser que se lo dediquemos a todo lo que se mueve a nuestro alrededor. Por eso, dudo de que en la mayoría de los casos sirvan para algo, salvo para lucimiento político, ocupar espacio en los medios de comunicación y tratar de dormir con la conciencia tranquila.
Es cierto que la mujer aún no consiguió, en su conjunto, la igualdad con el hombre, pero dudo que las políticas que se practican en España sean las más adecuadas. Crear ministerios como el de Bibiana Aído no ayuda. Sus escasas competencias pueden perfectamente ser asumidas por otros y dedicar su presupuesto realmente a fomentar la igualdad. De hecho, desde que existe aumenta la distancia con el resto de Europa entre lo que cobran las mujeres españolas y las de otros países. Otro dato ¿De las mujeres que hay en el Gobierno, cuántas de verdad mandan? La mayoría están de florero.

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