Viernes 06.03.2009
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A SU RECONOCIDO carácter estratégico, por sus fuertes "efectos de arrastre" sobre las demás actividades económicas, el sector energético une el papel difusor que ejerce sobre ellas como factor de progreso técnico y, más complejo, elemento clave de las relaciones económicas y políticas internacionales.
Otro de los rasgos específicos del sector energético es la estrecha relación que mantiene con los procesos de industrialización, en la medida que para estos los inputs energéticos resultan vitales.
Bajo tales consideraciones generales, cabría analizar el extraño papel que juega Galicia como productor de energía, sin que ello haya servido para modificar su estructura productiva en etapas decisivas del desarrollo industrial y tecnológico a escala española, europea o mundial. Pero ni siquiera es probable que una total liberalización de la tarifa eléctrica en el mercado español hubiera operado como un incentivo de competitividad para atraer inversiones y consolidar un tejido empresarial gallego más amplio y heterogéneo.
Galicia es hoy una de las zonas de la Unión Europea que produce mayor proporción de energías renovables, mediante la transformación de las fuerzas del viento y el agua, así como cuenta con un gran potencial de crecimiento en el uso de la biomasa. A su vez, la transformación de las centrales térmicas en centrales de ciclo combinado ha reducido significativamente las emisiones de CO2. Lo que acentúa el protagonismo de las energías limpias y reduce el de las altamente contaminantes.
Uno de los motivos por los que se creó la planta regasificadora de Ferrol fue el de suministrar gas a las centrales térmicas de Endesa y Unión Fenosa que serían reconvertidas al ciclo combinado, a la par que alumbrar la instalación en Ferrolterra y As Pontes de una serie de empresas en las que el gas es parte esencial de sus procesos productivos. Aparte de las subvenciones europeas, la liberación formal del sector energético animó las expectativas de sus promotores.
Aun así, la regasificadora tuvo que sortear una serie de problemas, entre los que no es menor el rechazo social que provocó su ubicación, parcialmente aplacado por las promesas, hasta ahora incumplidas, de los miles de puestos de trabajo que se iban a crear en la zona.
La liberalización del mercado energético resultó ser una transferencia de posiciones de dominio de público a privado, con escasos avances en la competencia efectiva. Gas Natural sigue erigiéndose en el operador dominante en el mercado mayorista y minorista, y Enagas mantiene su liderazgo en transporte, regasificación y almacenamiento.
En medio de ese mar atemporalado, Reganosa es una nuez, y las cajas gallegas, obligadas a efectuar numerosas desinversiones por la fusión, aprovechan la oportunidad para deshacerse de una participación accionarial que, en su día, fue más fruto del compromiso con quien gobernaba Galicia que de la rentabilidad económica esperada de un proyecto a escala doméstica. Es lo que hay.

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