Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS

Siempre estuve feliz con La Dos (no diré orgulloso: no me gusta ese adjetivo), pero a partir de enero supongo que lo estaré aún más. Llega la nueva televisión pública, sin anuncios, sin prisas. Ignoro si haremos, en alguna parte, una nueva BBC, pero no creo que sea estrictamente necesario. Bastará con hacer una televisión buena, abierta, que hable no sólo de lo que somos, sino de lo que queremos ser. La Uno ya ha dado algunas pistas: la práctica desaparición del cotilleo, por ejemplo, que ya no era excesivo, si lo comparamos con algunas de las privadas. La Dos, por su parte, se quiere convertir en algo más arriesgado y vanguardista, si cabe. Ya es, ahora mismo, un gran canal. Por él pasan muchos deportes, algunos alternativos, otros no tanto. Y pasan los programas de ecología, incluso uno de libros en el que entrevistan escritores por su lado literario, no por su lado anecdótico. Parece el paraíso.
Mara Torres anunciaba que las noticias se van a multiplicar (también los telediarios van a ser más largos). Habrá más tiempo para pensar, para hablar. Ya lo hacen (La Dos Noticias tiene su propio universo): pero van a hacerlo aún más. Y los espectadores gozarán de oportunidades. Interacción, esa es la palabra. Vivimos un tiempo en el que todo está relacionado con todo. Habrá también mucho más cine español y europeo, y no se emitirán, salvo excepciones, series extranjeras. Esto último no lo comparto demasiado: la calidad nunca debería someterse a criterios restrictivos. Además, la nueva narrativa de las ficciones americanas va muy bien con la atmósfera de La Dos. Pero, con todo, la cosa promete: estamos en vísperas de ver un canal sin complejos, definitivamente lanzado hacia el futuro. Atentos.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado