Domingo 07.02.2010
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Renta de emancipación. Plano sectorial de suelo residencial. Lo primero evoca a Lincoln y su abolición de la esclavitud, tiene resonancias revolucionarias, suena a rescate que la ministra juvenil del Gobierno entrega por la liberación de chavales encarcelados en sus escasos recursos. Otra cosa es lo que hay debajo de tanta espectacularidad: un Ministerio que carece de competencias y que ha tenido que improvisar.
Quien haya bautizado de forma tan anodina lo que es una segunda parte de la conquista del Oeste, debe ser un político o funcionario bastante soso. Porque si nos guiamos por el nombre insulso del plan de la Xunta, podríamos llegar a la equivocada conclusión de que se trata de otro fuego de artificio, y no de ir al rescate Galicia adelante de seis millones de metros cuadrados para destinarlos a viviendas sociales, una epopeya parecida a la de los americanos que se lanzaron en pos de California.
En realidad, la auténtica emancipación es ésta y no la otra. La Consellería de Vivenda emancipa suelo. Y lo hace después de comprobar que buena parte de los concellos de Galicia lo utilizan igual que muchos gallegos. Veamos. Con la crisis de la agricultura tradicional, la tierra se transforma en una nueva cartilla de ahorro.
Su propietario queda a la espera de que un hada madrina en forma de promotora lo transforme en dinero, o pone velas en el altar de la recalificación para obrar el milagro del ladrillo. A eso le llaman los entendidos monetarización, y es lo que hacen también los consistorios sin recursos con su suelo; se convierte en la auténtica hacienda municipal, en el gran peto.
A esos consistorios se dirigió la conselleira recién llegada pidiendo sitio a donde destinar sus viviendas sociales. Nada. En una comparecencia parlamentaria el pasado septiembre, sacaba los colores a los celosos defensores de la autonomía local. Sólo una minoría de ayuntamientos habían respondido a la novata petición.
Como dijo el otro día Quintana en Salceda de Caselas, se daba la paradoja de que se hablaba mucho de política de vivienda sin solucionar la cuestión básica del suelo disponible para tal menester, como si Galicia entera compartiera con el mítico Castroforte de Baralla de la Saga/Fuga el carácter de país en levitación, supraterrenal.
Al ser éste un pueblo terrenal, y a la vista de que la autonomía municipal no ayudaba mucho, hubo que parir medidas como las que se agrupan en el Plano Sectorial susodicho. Igual que los colonos del Far West, la Consellería de Táboas inicia una larga marcha en busca de un suelo perdido, poniendo fin a esa hipocresía institucionalizada consistente en lamentar la falta de viviendas asequibles, al tiempo que se escatimaba el suelo para edificarlas.
Es una pena que el plan se sume a otros que también van de arriba abajo, en vez de seguir una secuencia distinta. En definitiva, lo que vicepresidente y conselleira presentan en Salceda es algo que debiera haber nacido en la Administración local. Esos seis millones de metros cuadrados tendrían que estar ya en el despacho de doña Teresa, ofrecidos por alcaldes ansiosos.
No es así. Tendrá que ir a buscarlos y suplir a concellos atrapados en la monetarización del suelo. La medida es audaz y seguramente será tan revolucionaria como la desamortización. Por eso el político, funcionario o asesor que la bautizó con estilo burocrático, merecía un exilio en el Ministerio, a ver si allí aprendía a poner nombres como Dios manda.

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