CONTABAN con ello, pero eso no significa que el Gobierno asista impasible al -triste- espectáculo de ver a miles de españoles echándose a la calle para protestar por las medidas de ajuste, sobre todo las que afectan a los funcionarios.
Contaban con huelgas y semihuelgas, manifestaciones legales e ilegales, gritos e insultos, pero quizá no estaban preparados para que se produjeran tan pronto y de forma espontánea: las redes sociales han podido más que las consignas sindicales, y si bien un portavoz de Comisiones Obreras ha anunciado una huelga general para antes de fin de año, y el sindicato de funcionarios prepara una macromanifestación en toda España para el otoño, el fin de semana tan movido ha hecho comprender al Gobierno que sus medidas no han sido comprendidas como esperaban, y que caen en saco roto las advertencias y reflexiones de que son las únicas medidas que permiten salvar la crisis y que además son las que imponen la Unión Europea y los organismos monetarios internacionales para ayudarnos a salvar la crisis. Esto último no lo dicen así de claro, pero se sobreentiende.
Se comprende que la gente se eche a la calle; lo que no se comprende es que algunos de los que se manifiestan no tengan empacho en utilizar la violencia. La agresión verbal, los escupitajos y el acoso sufrido por la delegada del Gobierno madrileño cuando abandonaba su domicilio para acercarse a una farmacia, no son de recibo. Que los manifestantes se sienten ante las sedes del PP y traten de concentrarse ante el Congreso de los Diputados tienen su lógica, siempre que se haga sin violencia y sin agredir a nadie. España es un país encendido por la ira y por el miedo a la miseria y al paro.
Lo que no acaba de encajar es que esa misma España encendida se quedara de brazos cruzados ante un Zapatero que nos fue llevando a la ruina poco a poco y se adivinaba que nos llevaba a la ruina, y que cuando reaccionó, demasiado tarde, aplicó unas medidas de ajuste de una dureza similar a las actuales. Un Zapatero que subió los impuestos y que rebajó el 5% el salario de los funcionarios, por cierto, sin que los que hoy protestan se manifestaran; como hacen ahora, cuando además amenazan con paralizar un país que saldrá aún peor parado de lo que está si se desencadenan huelgas por las medidas a las que estamos obligados aunque duelan, aunque nos dejen para el arrastre y sin saber qué nos depara el futuro.
Que es muy negro, pero más negro sería aún si no se reacciona a tiempo o si nos quedamos quietos ante el desastre. Porque eso provocaría que llegara el Monti de turno para dirigir un proceso de intervención que nos dejaría a todos temblando aún más de lo que ya temblamos.
Periodista

20.05.2013
Baches en calzadas pero también en aceras
Una minirrotonda que confunde al conductor
Papeleras desbordadas en el casco histórico
Unha casa en ruínas que se eterniza en San Paio
Continúa la lacra de las pintadas callejeras