Viernes 06.03.2009
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Más de una vez he afirmado en esta columna que uno de los temas más apasionantes y difíciles en Teoría de la Comunicación social es el de la recepción del mensaje. Alguien redacta un texto y, cuando lo comunica, lo difunde por el método que sea y en el soporte que sea -papel, radio, tele, Internet...- ocurre que ese mismo texto produce efectos muy distintos, y a veces diversos, en función del marco intelectual, prejuicios, etc. de cada uno de los sujetos receptores de ese mismo mensaje. Ello explica, aunque no digo que justifique, la actitud de la mayor parte de nuestros políticos, incluyendo los que ocupan cargos aparentemente no estrictamente políticos pero que sí dependen del dedo benefactor de un partido en el poder, cuando, ante preguntas comprometidas, enuncian principios generales en sus respuestas o construyen frases que admiten todo tipo de interpretaciones. Es lo que yo llamo esquí político, porque se trata -y hay verdaderos maestros en este deporte- de deslizarse sobre la nieve de la audiencia de forma que cada cual saque la conclusión que más le favorezca.
Tuve oportunidad recientemente de asistir a toda una magistral demostración de esquí político en el caso del almuerzo-coloquio que convocó en el Club Financiero de Vigo a cerca de doscientas personas interesadas en escuchar al gobernador del Banco de España, Fernández Ordóñez, en relación con el tema de la fusión de las dos cajas gallegas. Es de advertir que la anterior fusión de cajas en Galicia, que llevó a la creación de Caixanova, no provocó, en absoluto, el tsunami socio-político-económico-ciudadano que está provocando la actual presunta postura de la Xunta. Pues bien, Fernández Ordóñez hizo una magistral demostración de esquí político que ahí queda para la posteridad.

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