Viernes 06.03.2009
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FUE UN DÍA MOVIDO, y allí estaba, Marcos López, casi estrenando su puesto en el Telediario del fin de semana. No creo que las noticias dependan de los rostros, pero yo mismo (será deformación profesional) no puede menos que fijarme en sus palabras, en sus gestos, que eran muy marcados y característicos cuando hacía deportes, quizás porque en los deportes se permite un tono más distendido y una imagen más real. Ya sé que ha pasado el tiempo de las esfinges: los presentadores son más de carne y hueso, aunque María Casado, serán cosas mías, tiene a menudo un aire etéreo, seguro que no buscado, entre su mirada azul y la distancia que ha de poner con la información que narra. Marcos López tal vez aporte algo de los programas de deportes, pero ayer no era el día. Imagino que se sintió extraño cuando le dio la palabra a María Escario para que contara lo que, no hace mucho, hubiera contado él mismo. Pero no era el día porque el deporte suele ser festivo, suele ser, incluso, hermosamente intrascendente, por ponerme en plan Ferlosio, y ayer, sin embargo, había muerto un piloto en la flor de la edad en uno de esos días aciagos del motociclismo. Así que no había, en ese lado del Telediario, una salida. No había el típico recurso al deporte, o a la cultura, que suelen sacar las castañas del fuego a los presentadores, después de nadar media hora entre las aguas bravas de la actualidad, para llegar agotados a la orilla. Ah, también se dice que las noticias son noticias, y de ahí lo difícil de ser presentador de informativos: no hay que implicarse en nada, no hay que mostrar emociones, no hay que reír, y menos a destiempo. Marcos López está de enhorabuena, seguro, pero muchos días esperará que el deporte llegue para buscar en él una habitación propia, aunque ya no sea la suya. Para quitarle hierro a los asuntos. Sólo que ayer, ya digo, no era el día.

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