Lunes 22.12.2008
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NI UN AÑO ha durado la estancia de Larry en el número 10 de Downing Street. Fue adoptado como "ratonero jefe" merced a su fama de avezado cazador, sustentada en su pasado callejero. Hace unos meses, el orgulloso propietario del minino comentaba que éste había cazado tres ratones. Sin embargo, corrieron rumores de que el nuevo inquilino empezaba a preferir los brazos de Morfeo a las labores de Artemisa, y con la llegada de un nuevo y carísimo mobiliario el gato se vio expulsado de su particular paraíso, perdido, sin rumbo y en el lodo, esperando que vuelva a abrirse la puerta de la que era su casa.
La historia de Larry es la de todos: en cualquier momento podemos vernos despojados de nuestros privilegios y seguridades, desplazados por un capricho, traicionados por aquellos a quienes dimos todo. Un felino "independiente y con carácter" ha pagado un alto precio por ser domesticado, ha conocido una efímera felicidad que ahora le dolerá recordar en las frías noches del invierno, mientras su imbécil, egoísta e irresponsable amo se recrea en el lujo de la nueva decoración al tiempo que hipócritamente predica austeridad. A Larry le deseo un nuevo hogar digno de él, puesto que el anterior ha demostrado no serlo, y que este abandono no le impida volver a profesar lealtad a unos amos que la merezcan. Ojalá no sea demasiado tarde para ello.
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