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Domingo 07.02.2010      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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DEMETRIO PELÁEZ CASAL

AILOLAILO

Familias unidas y felices por decreto eclesiástico

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Pues nada, que a la Iglesia le ha salido un nuevo frente contra el que luchar para evitar que las familias tradicionales se vayan al carallium: los llamados matrimonios de conveniencia. O sea, la unión interesada de un hombre y una mujer con el fin no de procrear, ni de formar una de esas familias supuestamente idílicas tipo La casa de la pradera -agggg, qué repelús-, sino con el único objetivo de conseguir un permiso de residencia en España por parte de uno de los implicados. Y luego, conseguido este fin, hasta luego, Lucas, y si te he visto no me acuerdo.

En realidad, estos matrimonios se llevan celebrando desde casi desde que el mundo es mundo, pero ahora la cosa coge cada vez más auge debido a la gran cantidad de inmigrantes que desean regularizar su situación en España a cualquier precio.

La Iglesia hace lo justo y lo sensato a la hora de declarar la guerra a este tipo de uniones interesadas -el Arzobispado de Santiago acaba de dar la alarma tras detectarse casi una decena de casos en los últimos meses-, pero, por contra, debería abandonar ya la tonta y anacrónica lucha que ha entablado contra los ZP boys por su empeño, sostienen sin base ciertos monseñores del sector liante, en cargarse la "familia cristiana". La pregunta clave de este debate va precisamente por esos derroteros: ¿qué puñetas es una familia cristiana? Y, a raíz, de este interrogante, surgen otros mil: ¿Acaso los homosexuales -todo el culebrón montado sobre este asunto, no le demos más vueltas, viene de los matrimonios gays-tienen vetado el derecho a sentirse cristianos? ¿De verdad una mujer sola, por las circunstancias que sean, no puede crear una familia tan normal como la del recto don Mariano, doña Pura y sus cinco churumbeles? ¿Vamos a volver al rollo rancio de que una pareja católica no debe ni puede separarse? ¿Se pueden crear familias unidas y felices de por vida por decreto eclesiástico? Y si el único camino posible es el divorcio, ¿no será mejor simplificar lo más posible este trámite? En fin...

Lo único claro es que la Iglesia, que tantos y tan buenos servidores tiene en la base, trabajando en las misiones, en los comedores sociales, en Cáritas y en las parroquias de barrio junto a parias, toxicómanos, prostitutas y abuelos solitarios, sigue teniendo un generalato que no hay por dónde cogerlo. Y mira que es fácil darle caña al Gobierno por temas relacionados con la familia -el cheque bebé es una pariolada electoral, y además injusta, por tratar igual a una obrera que a la hija de la condesona de Matalascañas (lo mismo pasó con el invento pepero de dar 100 euros al mes a las mujeres trabajadoras, cuando en teoría son precisamente las que no trabajan las que más necesitan esa ayuda- y por haber desperdiciado la ocasión, al igual que Aznar, de acercarnos a países como Suecia o Alemania, donde sí saben proteger a las familias. Aquí, por contra, sólo nos interesa saber con quién se acuesta el vecino. Una pena, penita, pena.

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