Lunes 22.12.2008
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LA DIETA futbolera es muy necesaria. Y más este año, con la extensión triunfante del Mundial. Pero hay cadenas que no están dispuestas a renunciar ni a los amistosos. La Sexta está dando un fútbol descremado y con hielo. Un fútbol de pretemporada en el que lo de menos es el resultado, pero las cámaras están ahí, misteriosamente atentas, para aprovechar el morbo de los primeros fichajes. Ignoro si estos partidos, a veces un poco surrealistas, logran un alto índice de audiencia. Sé que el vacío de agosto suele ayudar al fútbol de pretemporada: hay que rellenar la parrilla. Como el mercado de fichajes también genera sus morbos, el personal quiere ver a los equipos en construcción, mientras llegan noticias de las negociaciones por uno u otro jugador. Durante días se especula con los alemanes que acabarán en el Madrid o con el destino de Ibrahimovic, como si nuestro propio destino fuera atado al suyo. La nebulosa que rodea estos intercambios comerciales, salpicados por declaraciones de amor de los jugadores hacia los equipos que pretenden ficharles, genera un interés añadido que desemboca en el seguimiento de los partidos de pretemporada. Los que se han ido, con un aura de heroísmo y un romanticismo de otra época, también merecen minutos. Raúl lloró y ahora se viste de azul con el Schalke 04. Verlo es una rareza que las cámaras buscan con entusiasmo. Como Guti aclamado en Turquía. Poco a poco se irán diluyendo, no en la memoria, pero sí en los titulares. El morbo local ganará enteros. Sesudos filósofos del fútbol analizarán a los nuevos, con un interés casi entomológico. Tendremos en la pantalla partidos exóticos, contra rivales chinos o americanos, que viven así el sueño que conocen perfectamente por la televisión. Todo este fútbol se consume como una ensalada de fichajes, esperando que llegue el momento de poner la carne en el asador (o en la parrilla).

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