Lunes 22.12.2008
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Después de escuchar el debate del estado de la Autonomía no me cabe ninguna duda de que el tema que definirá el futuro de Galicia es el de la natalidad. Fusionar las cajas de ahorro es un asunto importante, sin duda, pero resulta insignificante ante la sangría de población que padecemos. Somos una región moribunda porque la reducción de habitantes implica menos cotizantes, envejecimiento, servicios sociales insostenibles y menos peso dentro del Estado (en reparto de escaños y de fondos). De los tropecientos pactos y leyes que publicitó Feijóo, este es el que determinara nuestro futuro. Lo entendió rápido el socialista Manuel Vázquez: "El problema demográfico es una bomba. De seguir así, estamos condenados a la desaparición". Incomprensiblemente, el BNG no se sumó al acuerdo. Quizá no hayan caído en la cuenta de que es metafísicamente imposible que una tierra que firma su autoterminación pueda reclamar su autodeterminación.
¿Por qué el presidente de la Xunta subraya ahora este problema? Pues porque sabe que el capital humano es la mayor riqueza de un pueblo, su mejor garantía para salir de la crisis. Por la misma razón, y para afinar con las medidas que se propongan, conviene no olvidar que la caída demográfica es una de las razones de esta crisis. Lo explica bien el economista italiano Ettore Gotti: "Con un crecimiento cero, la población se mantiene estable en número pero se modifica como estructura. Se incrementan los gastos fijos (pensiones y sanidad) mientras que disminuyen la capacidad productiva y los ahorros, y con ellos la masa monetaria de la que disponen los bancos". Todo esto, como apunta Gotti, nace de una ideología que aseguraba que tener hijos significa destruir el planeta. Aún hay políticos que defienden esas tesis.

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