Lunes 22.12.2008
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Los dioses de Roma lloraron cuando Constantino vio en el cielo, antes de la batalla, la señal In hoc signo vinces. Júpiter, entretenido con sus amores y concupiscencias, ensayó el rayo cerrando el puño pero sólo le salió agua y niebla. Así acaban todas las cosas y los dioses. Puede ocurrir lo mismo con la ola de profanaciones y ofensas que se desparrama, como lava de volcán, por los campos de Iberia. Al paso que vamos me temo que sólo queden las mezquitas y los cantos del muecín. Fue primero el catálogo porno-religioso de un tal Montoya, publicado por la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, con prólogo del consejero, en el que se vierten ataques y ofensas contra la religión cristiana y sus símbolos más sagrados. En eso se gasta la pasta de los ciudadanos, en blasfemias y pornografías. Se ofrece, en vez de ingenio, basura, cenagal, letrina y pocilga diciendo que es arte.
Vengo de la bellísima Marbella, donde duerme Afrodita y se baña Venus. Aún en días de asueto, siempre le tira a uno lo cultural. No todo van a ser corrupciones urbanísticas, casos Malaya, excesos de Gil y Gil, negocios de Juan Antonio Roca, lágrimas de la Pantoja por Julián Muñoz, bolsas de basura de Maite Zaldívar y así. Me voy al Teatro Municipal a ver Apariciones ("Sucesiones de espejismos sobre un escenario envuelto en la oscuridad de lo permitido"), que reza el programa de mano.
A poco de alzarse el telón aparece la muestra de ingenio: testículos y falo que danzan, imágenes religiosas con un crucifijo que proyecta su sombra y que apuñala, masturbaciones explícitas. Sigue un muñeco roquero contorsionista y drogado, tipo Elvis, una Virgen coronada, la bandera del antiguo régimen con su águila, música del NODO, la voz de Franco de ultratumba diciendo "españoooles", dedo provocador y escatológico. Y por ahí. Zafiedad, tópico, provocación gratuita. Le llaman libertad de expresión. Cuando no hay ideas, se suple por mierda. Ángel Calvente, su mentor.
Y yo leyendo los clásicos, perdiendo el tiempo con Shakespeare, aburriéndome con Lope, soñando con Beethoven. Es la cultura de ahora subvencionada con dinero público. Algo huele a podrido en Dinamarca, cuando el talento abandona las conciencias y los estilos. La gente, insensible o pasota, aplaude y ríe. ¿Se ha perdido la dignidad? Mohíno, retorno a casa y paso cerca de la mezquita marbellí. Es viernes y una multitud de musulmanes reza a su Dios que también es el nuestro. Hace falta estar ciego para no ver que nuestros credos se agotan, que nuestra cultura se extingue.
No todo son tristezas y espejismos. La semana pasada se celebró el 40 aniversario de la fundación de la Orden de la Vieira. La Vieira es la cita gallega anual del Entroido, un sustrato de amistad y nostalgia. Un rito, una ceremonia de esa nación gallega itinerante, peregrina, en éxodo permanente, sueño y aroma de emigración. El gran pontífice y gurú es Carlos de Blas. Reparte estopa, incienso irónico y sana crítica Enrique Santín, y sirve de ejemplar conductor Xosé Luis Blanco Campaña. Entre tanta parroquia no veo a los amigos como Benigno Amor que luego contemplo en las páginas que construye al día siguiente en EL CORREO, mi amigo Francisco Fernández Cid. Está Fraga que se va después del caldo, y permanece Robles Piquer y Álvaro de la Puerta, con los que examino la actualidad. En otra mesa, Conde -Pumpido.
Asombra comprobar lo que los gallegos somos en el mundo. En esta edición de la Orden fueron investidos 12 apóstoles, con sus respectivos cónyuges. Pedro Calvo Poch, vinculado a Lugo, concejal de Madrid. Mano derecha del alcalde Ruiz-Gallardón tiene bajo su batuta 7.000 policías municipales, el Samur, bomberos, transporte y salud pública. Nadie se mueve sin que él lo sepa. Ramiro Carregal Rey, arosano, presidente de Frigoríficos del Noroeste. Es pionero en frío industrial, comercialización de túnidos congelados, explotación del banco pesquero canario-sahariano y exportador de pescado a Japón. Vende neveras a los esquimales.
Cándido Conde-Pumpido, coruñés, fiscal general del Estado. juez, presidente de Audiencia, magistrado del Supremo, profesor de Derecho Civil. Respira poder. El país tiembla cuando da instrucciones a los fiscales, el presidente del Gobierno no se atreve a toser sin su dictamen. Temido y admirado, controvertido, ha convertido la fiscalía en un arma nuclear, en un cuarto poder del Estado. Cordial en las distancias cortas, charlamos unos minutos; su esposa, también magistrada, Clara Martínez de Careaga, dama bilbaína de los Careaga, saga histórica de hondas raíces y brillos sociopolíticos.
José Fraga Mybre, bergondés, residente en la ciudad de New Jersey, dirigió el Instituto de Idiomas Extranjeros, jugador, entrenador y seleccionador de fútbol. José Ramón García González, santiagués, presidente de Blusens. Con la tecnología electrónica de consumo, sentó reales en Dublín, China y diversos países de América. Vencerá a los chinos. Ventura González Prieto, vigués, presidente de Vegon, creador de empresas de alimentación, centros de distribución y supermercados. Carlos Pérez Padrón, arosano, presidente de Eurolaton: fabrica complementos metálicos para la construcción, está instalado en 42 países y en China, tiene tres fábricas con 1.400 empleados.
El conde portugués Francisco Silva de Calheiros e Menezes, de ascendencia gallega, promotor de turismo rural selectivo, pazos señoriales y casas nobles, dinamizador turístico del valle de Limia. Carlos Sixirei Paredes, santiagués, profesor de la Universidad y subdirector general de Emigración de la Xunta que pronunció una hermosa homilía de agradecimiento en nombre de los doce cofrades.
Benigno Varela Autran, coruñés, gran jurista, magistrado emérito del Tribunal Supremo, vocal del Consejo General del Poder Judicial. Antonio Vázquez Jacob, de Corgo (Lugo), presidente de Unión Madrileña de Seguros.
Y Laura González Molero, con su esposo Pedro Rovira. Orensana, licenciada en farmacia por la Complutense, executive MBA, vicepresidenta de Serono para España y Portugal, con máximas responsabilidades en los países nórdicos, Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia. En el campo de la biotecnología ha desarrollado más de 350 productos dirigidos a tratar unas 200 enfermedades. Convierte la gestión en soneto de capacidad y proyecto, impulsa remedios y bálsamos para la infertilidad, para la esclerosis múltiple, para la psoriasis.
Sacerdotisa de la biología está considerada como una de las principales directivas del sector salud. Hizo másteres en Madrid, Basilea, Lausanne y Boston, ocupando cargos de relieve en el sector farmacéutico. Dirigió la División de Crecimiento y Metabolismo. Su biografía es el éxito en sí mismo. Representa la nueva Galicia, es precursora de la ciencia aplicada, maga de empresa, heroína de verso y novela. Algún día tendrá calle merecida en Ourense. Me la presenta fugazmente en su mesa Fernández Cid. Me recuerda a Isabel de Barreto, almirante de Mar Oceana.
Galicia necesitaba este símbolo, esta mujer.

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