Lunes 22.12.2008
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Con razón los ganaderos gallegos están inquietos. Pese a la reducción de la producción de leche en la actual campaña, la industria está empezando a dar señales de que esta primavera podría abandonar rutas de recogida. Esas señales se interpretan como una medida de presión sobre los productores a fin de forzarle a bajar los precios. Por su parte, la industria se escuda en que el mercado español está siendo inundado por leche y derivados procedentes de otros países, a precios muy competitivos, pese a los gastos de transporte, y que los grandes grupos de distribución siguen jugando con los precios bajos de la leche asociada a las marcas blancas, para atraer a los clientes.
Nada de eso es nuevo. Se repite, y de manera un tanto perversa. Cuando pareciera que los productores empiezan a levantar cabeza, siempre surge algo que desestabiliza un mercado que, al depender de los ciclos de la naturaleza ( las vacas y los prados son ajenos a los mercados de futuros, pues sus períodos vitales están regidos por leyes que nada tienen que ver con los tejemanejes de los ingenieros financieros), se encuentra inerme frente a los especuladores y quienes controlan la última fase del proceso: la venta al consumidor final. Estos días, además, la venta de Puleva Food a la multinacional francesa Lactalis añade inquietantes dudas sobre lo que deparará el futuro. Porque el control de la cadena de transformación industrial lleva implícita la posibilidad de que Lactalis juegue, según le convenga, con los excedentes y los precios de la leche producida en Francia. Como tal grupo multinacional, y desde la lógica de los menores costes y los mayores beneficios posibles, sería del género tonto, por su parte, que no intentara aprovecharse de las economías de escala que está en condiciones de generar su expansiva estructura productiva. Con la venta de Puleva Food a los galos, termina una aventura bursátil iniciada a finales de la década de los 1990 por Javier Tallada García de la Fuente, nieto del fundador de Puleva y ex operador de la sociedad de valores de Francisco González, actual presidente del BBVA. Tallada y su socio Mesonero Romanos urdieron una operación para hacerse con Leyma-Ram, con la complicidad del director Javier del Moral, quien, visto lo visto, su paso por Arteixo tuvo como objetivo desprenderse a precios de saldo del buque insignia del lácteo gallego. Algo en lo que era experto tras su paso por Patrimonio del Estado. Los cooperativistas tragaron, la Xunta se plegó y Caixa Galicia miró para otro lado.
Tallada y Mesoneros, bien relacionados con el Gobierno Aznar, vendían la idea de que aquella adquisición supondría una inversión en Leyma de 6.000 millones de pesetas, y era parte de un ambicioso proyecto para formar el primer grupo de alimentación de España. De la inversión anunciada ni un cuarto y mitad, y eso que las ayudas del Estado fueron generosas; pero la unión de Puleva con Ebro pareció confirmar el objetivo del gigante alimentario.
En 2004 Tallada dejó la presidencia de Puleva Biotech. En 2005 Leche Río compró Leyma a Puleva Food. Ahora Puleva Food se vende a Lactalis. Por el camino quedó aquel proyecto de dotar de valor financiero y biotecnológico el negocio lácteo. Resultado: el campo sufre, y aquellas subvenciones se tornaron en plusvalías para los especuladores.

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