Lunes 22.12.2008
Hemeroteca web
|
RSS
Iban a desenterrar a García Lorca para exhibir sus restos como reliquias de un mártir y santo laico, un mito de todo el rojerío andante; pero el gran poeta no está. En lo que se señalaba como lugar de su tumba, el mismo donde fue ejecutado en un paraje de Alfacar, de la provincia de Granada, sus viejos amigos humoristas colocarían hoy una estela con el antiguo epitafio latino: "non obiit, abiit" (no murió, se fue). Porque Lorca sigue vivo en el mejor recuerdo de sus muchos amigos y en la antología de los grandes poetas españoles del siglo XX. Los demás, los de la izquierda radical que pretenden hacer de él un icono revolucionario, se han llevado un chasco. Ni la familia quiso nunca que se removiese la tumba de Lorca, estuviese donde estuviese. Su extraordinaria figura no se puede reducir a ser mascarón de proa de un sectarismo político que a él le repugnaría, un partidismo deshuesado de poesía y de todo el humanismo que informó el firmamento lorquiano.
Lorca era republicano y homosexual. Pero era amigo de todos. "Soy hermano de todos", se definió un día. "Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que eso soy hombre de mundo y hermano de todos; desde luego no creo en la frontera política", proclamó poco antes de su muerte. Fue amigo de José Antonio Primo de Rivera, "con el que cenaba todos los viernes", según sus propias palabras. De la casa de su amigo el poeta Luis Rosales, también falangista, le sacaron con engaños para asesinarlo unos esbirros de la derecha burguesa más cerril. Dos días antes de salir para Granada, cenando con el poeta comunista Pablo Neruda, le dice: "me voy a mi casa, donde no me alcancen los rayos", y al despedirse de Edgar Neville, aristócrata y falangista, le declara: "Me voy, porque aquí me están implicando en la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada". Que nadie tergiverse su figura.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado