Lunes 22.12.2008
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A hora que algunas economías apuestan por cierto proteccionismo, Cuatro ha preferido insistir en la globalización, adaptando Saturday Night Live. Como el humor no es mundial (aunque hay cosas que hacen gracia en casi todas partes), solo se puede internacionalizar el espíritu, el formato, el esqueleto, la idea. Y, además, los shows americanos son bastante localistas. Localistas americanos, eso sí. Es decir, que se trata de un localismo más bien grande. Los chistes y los sketches que salen en ellos pueden hacer gracia tanto en Alaska como en Texas, pero ni siquiera eso es del todo seguro. Si traspasamos a Europa el humor de Saturday Night Live, la cosa se complica. Y más se complicará, imagino, si lo llevamos a China. Es lo que tiene el humor: necesita profundidad cultural, idiosincrasia, conocimiento doméstico. En fin. Muchísimas cosas. Todo esto demuestra que el humor es uno de los géneros más complejos que pueden emitirse en televisión. Sobre todo, el humor unido a la rabiosa actualidad. Aquí han triunfado series como Friends: ¿es humor local o global? ¿Y las películas de Woody Allen? ¿Globales o locales? En fin: ya lo contestaremos otro día. Si podemos.
Lo que está claro es que las televisiones se han internacionalizado. En algunos casos con adaptaciones de los formatos. En otros, sin cambiar un ápice el original. Resulta curioso (y revelador) que El ala oeste de la Casa Blanca nos pueda interesar aquí. ¿Qué tal algo así como El segundo piso de la Moncloa, para el público americano? No funcionaría, probablemente. Sucede que la Casa Blanca es global. Forma parte de esos símbolos, de esos iconos de la globalidad. Las noticias de la CNN (y algunas otras) también trabajan ese concepto: se supone que informan, por lo menos, para todo el planeta. ¿Es eso posible? Aparentemente, sí. Pero a cambio de perder sabor local. No queda otro remedio. Claro que la propia televisión globaliza. Y hay culturas que se autoglobalizan, televisivamente, para ser competitivas. Puede que la americana sea una de ellas. ¿Acaso no nos divierten las ocurrencias de House? ¿No nos identificamos con las Mujeres desesperadas? ¿O, incluso, con Sexo en Nueva York? Tal vez, en la televisión occidental, hemos aceptado que lo global es precisamente eso: el localismo americano.

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