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Lunes 22.09.2014  | Actualizado 20.43 Hemeroteca web  |  RSS   RSS

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corresponsal en galicia

POR XAVIER NAVAZA

¿Y qué hay de la Fosa Atlántica?

Las ministras de Fomento (Magdalena Álvarez) y Medio Ambiente (Cristina Narbona) quieren comparecer ante el Congreso a dúo: será, seguro, para exhibir el poderoso triunfo del Gobierno central contra esa especie de serpiente de verano o dragón marino llamado Don Pedro, que les amargó la siesta y el sol sobre la arena a los turistas que pueblan tres de las más hermosas playas de Ibiza. Y de paso, ya verán, doña Cristina y doña Magdalena se lanzarán a degüello contra Mariano Rajoy, cuyas declaraciones sobre el accidente balear -intentando comparar aquello con la tragedia del Prestige y echando mano de un lenguaje vagamente parecido al que hace cinco años utilizó la plataforma Nunca Máis- causaron sonrojo universal y asombro en el laberinto.

Si son tan amables, las ministras deberían aprovechar la ocasión para contestar a la pregunta que, desde el Senado, les ha hecho el coordinador nacional del BNG, Francisco Jorquera, y que previsiblemente no tardará en trasladar a la Cámara Baja el coronel de la U, Francisco Rodríguez: ¿En qué estado se encuentra el gigantesco cementerio nuclear de la Fosa Atlántica? ¿Por qué las autoridades comunitarias y, en especial, el Gobierno central español no realiza desde hace muchos años ningún seguimiento y control de aquella zona que, a trescientas millas de la costa gallega, constituye uno de los mayores vertederos atómicos del planeta?

Hace exactamente un mes, en el curso de una reunión celebrada en Compostela, expertos de la Organización Marítima Internacional hicieron balance de la gestión de los residuos que yacen en el fondo del mar, en una zona que -durante años y hasta bien entrada la década de los ochenta- fue uno de los basureros nucleares más solicitados del mundo occidental. El resultado de aquel balance fue muy significativo: nadie se ha preocupado, desde la firma del Convenio de Londres (1993), en averiguar qué sucede allí abajo, entre los millares de barriles que muchos países abandonaron en la Fosa Atlántica con una impunidad que todavía hoy causa pavor. Y que la cosa no ha parado lo demuestra la entrada en vigor, hace unos días, de una normativa de la Unión Europea que prohíbe expresamente a sus Estados miembros que exporten sus residuos a países extracomunitarios y en vías de desarrollo. Es decir, que debe de haber un fenomenal trasiego de cargamentos peligrosos frente a nuestras costas. Como en los viejos tiempos.

Esta última normativa de la UE exige, además, que los gobiernos centrales realicen controles periódicos y notifiquen a Bruselas el resultados de sus pesquisas e investigaciones. ¿Qué hay de todo ello? De estas cosas podrían hablar, si son tan amables, las ministras de Fomento y de Medio Ambiente, aprovechando que están dispuestas a rendir tributo al pueblo explicando lo maravillosamente bien que han gestionado la minicrisis del Don Pedro en las cristalinas aguas ibicencas. Hace veinticinco años que dos pequeños barcos pesqueros llamados Pleamar y Arousa I formaron equipo con el Sirius -de la organización ecologista Greenpeace- para evitar que el buque holandés Scheldeborg lanzase decenas de bidones de residuos nucleares a la Fosa Atlántica. No lo lograron, pero aquella gesta dio la vuelta al mundo. Era el verano de 1982 y desde entonces nadie se ha molestado en averiguar qué ha sido de aquella inmensa cloaca radioactiva.

LABORATORIO BAJO EL MAR

Un debate a escala europea

Francisco Jorquera y Francisco Rodríguez pueden sacar de su feliz letargo a las ministras de Fomento y Medio Ambiente. La cuestión de la Fosa Atlántica es un elemento que, a estas alturas, cuando nadie sabe nada sobre qué pueda estar sucediendo en aquel gigantesco laboratorio nuclear que yace en el fondo del mar, debería suscitar un debate a escala europea. La discusión, al menos, le serviría a Emilio Pérez Touriño para recordar tiempos menos complacientes pero más vivos .

BALANCE DE DON EMILIO

El país marcha superbién

Y para triunfalistas, el premier galaico: Emilio Pérez Touriño se ha reunido con sus veinticuatro diputados y ha hecho la síntesis de un éxito global y extenuador. Galicia va bien, superbién. En dos años, dice el presidente, se han batido todos los récords de la actividad parlamentaria en nuestro país: "Da gusto", ha dicho el inquilino de Monte Pío, echarle un vistazo a las siete legislaturas del proceso autonómico de Galicia y comprobar que ha tenido que ser el Gobierno del cambio el que le ha tenido que poner el ramo a tanto éxito sin precedentes. Plas, plas, plas, cincuenta manos al alimón. La Cámara, al fin, se ha convertido en "el centro de la vida política" y jamás se ha legislado con tanta cantidad y precisión como ahora. En sus palabras se ha echado de menos una brizna de generosidad hacia quienes, desde los más diversos puestos y responsabilidades, contribuyeron a hacer posible que él sea presidente. Un detalle que le daría credibilidad .

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