Lunes 22.12.2008
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En el franquismo los problemas se ocultaban para que el personal no se alarmase. En la democracia, ahora, los problemas se airean para que el personal se distraiga. No se sabe qué es peor. Si malo era ocultar los vicios, no es mejor entretener los errores. Hemos vuelto a Maquiavelo en el arte de la maniobra y el subterfugio subterráneo.
Napoleón obtenía más placer leyendo a Maquiavelo que con las caricias compartidas de Josefina. Decía que el único libro que se podía leer era el suyo. Pero también Lenin lo recomendaba a los bolcheviques, y el Ché Guevara lo llevaba en la moto. No sabemos si Zapatero y Rajoy leen a Maquiavelo, aunque deberían, para oxigenarse.
La cosa no va mal, sino peor. El parado cuatro millones, será invitado a La Moncloa, como se hacía en Benidorm con el turista un millón. Le entregarán un ramo de rosas marchitas y un bocata de sardinas. Estás trinchando en tu casa el filete y te imaginas al parado que se enjuaga la boca con los restos de los supermercados. Hasta el postre te sienta mal pensando en los que ayunan a la fuerza.
Maquiavelo, en El Príncipe, inventó el Estado moderno y enseñó a los poderosos cómo joder al pueblo. En realidad lo que redactó fue un manual para tiranos, como ahora otros aquí manejan la propaganda para disimular la crisis. "A los hombres hay que ganárselos o destruirlos", proponía el florentino. Los políticos, muy puestos y con espías en la bragueta, acechan al contrario por si ha comprado un traje nuevo en las rebajas.
Creo que ZP, además de otras lecturas como la poesía de Gamoneda, lee a Maquiavelo. El presidente estos días anda de ojeras y bolsas como culos de vaso. Ha adelgazado y su mirada alucina como la de un místico. Rajoy tampoco gana en estéticas: se le ve la barba más canosa y el perfil con el aire de los próceres del siglo XIX que cuelgan en las salas del antiguo Consejo de Ministros, hoy Ministerio de Administraciones Públicas.
Es una leche esto de la política. Cuando escriban sus memorias dirán como Nicolás Maquiavelo: "El poder sólo me trajo desgracia, en cambio las mujeres, alegría y placer". Bueno, no sé, lo último, según. El florentino lo decía porque lo dejaron en la calle con lo puesto y, ya muerto, lo desenterraron de la Santa Croce y le echaron a una fosa con otros restos anónimos. También pasa en política: cuando no les sirves te arrojan a la basura o te condenan al silencio.
En lo que todavía no ha caído José Blanco es en la táctica del fútbol, aunque todo se andará. Con Franco, se televisaba un partido de postín, o una corrida, cada vez que algún problema afectaba al régimen. Ahora, no. Ahora se convoca una manifestación. No sé si somos más finos o más sinuosos.
El otro día me encontré yo con una mani convocada por Izquierda Unida y algún sindicato, en la que iba delante el coordinador general, Cayo Lara. ¿Era contra el paro y la crisis? No, hay cosas más urgentes y palmarias. Se manifestaban a favor del régimen cubano. Hasta un comentarista de izquierdas estaba escandalizado. No es posible que quede alguien en el mundo que crea que el régimen inhumano de Fidel, una dictadura cruel fuera del tiempo, pueda ser ensalzado y protegido. Da idea de la paranoia salvaje en que nos movemos, de la oscuridad que invade nuestros instintos más demoledores.
Estamos en la vanguardia de los despropósitos. Es exclusivo de este país el conformismo en el que sestean los sindicatos. A Sarkozy le montaron la bronca con un ocho por ciento de paro, mientras aquí con el 14, el más alto de Europa, quieren apagar el fuego con mangueras de gasolina.
Una de dos, o los sindicatos españoles son los más civilizados y patriotas del orbe, o su amnesia tendrá que ser estudiada en laboratorio. En mi opinión aciertan. Montar el pollo en esta situación, sería tanto como destrozar los cimientos de la convivencia. Acaso, no resulte ocioso entender lo que creía Maquiavelo, quien, torturado hasta seis veces, ya libre, comprendió que en la política sólo medran los bobos o los espabilados.
La política en realidad es una teoría de líos y disparos en la noche. Tener amistades peligrosas es la gran pasión de los profesionales de la política. Deberían hacer como Maquiavelo que se cambiaba de ropa para escribir sus reflexiones. "Yo no entiendo ni de seda, ni de tejidos de lana. Sólo entiendo algo de Estado", dijo cuando le dejaron con lo puesto en la calle.
Cuando se ponía a escribir se vestía de cardenal. No sé si ZP y sus áulicos son un recreo continuado, o si la oposición presume de tener el filtro mágico para ordeñar la crisis, pero la vice María Teresa se ha vestido de púrpura para recibir al cardenal Bertone. No hay otro comentario: el PSOE borda la política de gestos. El aborto, la eutanasia, la EpC, el laicismo, al carajo. Dicen que para noquear a Rouco.
ZP dedica sacrificios a los dioses, convocando a los banqueros, ese cuarto poder de las naciones que ya prestaban dineros de urgencias al emperador Carlos. Son los que gobiernan. Todo es símbolo en política, por eso en la última reunión se sustituyeron los mullidos sillones de piel fina por mesas y sillas de ejecutivos. A todo esto, Sebastián se declaró harto de los idem, José Blanco, como Job, tuvo paciencia, y Botín empuñó los créditos.
Los banqueros, acostumbrados a las alfombras persas, hay que bajarlos del pedestal para que entiendan que son mortales. Algunos creen que unas elecciones anticipadas corregirían el rumbo. No lo creo. Todavía es temprano tanto para el Gobierno como para la oposición. Además, el gasto enorme que supone una convocatoria electoral, añadiría gravedad a la penuria económica y la gente seguiría votando lo mismo. La medida la darán los próximos comicios. En Génova se preguntan: si echamos a Rajoy, ¿a quién saludamos?
Sí, hay que volver a Maquiavelo y sacar notas. Era un fino intelectual que gustaba del vino toscano, jugaba a la cricca, y charlaba con pícaros, venteros y arrieros. La izquierda ya sabe donde están los votos, pero el PP los busca en los despachos.
Estuvieron por la Corte Pérez Touriño y Núñez Feijóo. Touriño, en clave gallega, vino a decir que los Audis, los despachos y las sillas de autor eran más en la etapa anterior, y la siguiente pregunta, la seguridad. Núñez, presentado por Rajoy, se encerró con los suyos en el Siglo XXI para explicarles la cosecha de nostalgias, sin huir del satén.
Todavía no saben que los votos están en la calle, y que en Madrid la política abandona los restaurantes de cinco tenedores. O sea, que la izquierda comunica sus vientos, y el PP sus olvidos. La política es el último mito al que se acogen los fieles. Tanto como les gusta, a todos, Obama, y no copian las renuncias de sus colaboradores corruptos.

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