Lunes 22.12.2008
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EN ESTOS DÍAS, destacadas voces del sector económico han reconocido que el futuro pasa por Iberoamérica. El futuro, desde luego, pero también el presente. Y no sólo desde la perspectiva económica, también desde el punto de vista cultural y social el continente americano está en inmejorables condiciones de liderar las grandes transformaciones que el mundo actual precisa.
En efecto, 600 millones de consumidores que representan el 9% del PIB mundial constituyen una buena demostración del poderío iberoamericano. Nada menos que Francisco Luzón, director de la división para Iberoamérica del grupo Santander, acaba de señalar que la hegemonía del norte está a punto de concluir y que se está produciendo un cambio del centro de gravedad del mundo que ahora se encuentra hacia el sur y hacia el pacífico. En concreto Iberoamérica dejará en este siglo su condición de continente en desarrollo para erigirse en un continente puntero y de vanguardia pues cuenta ya con capacidades y ventajas estructurales que pueden colocarle a la cabeza del desarrollo económico mundial. Para Luzón, Iberoamérica está incluso ya en mejor posición que Asia para beneficiarse en esta década del proceso globalizador pues dispone del mejor sistema financiero regional del mundo: dispone de un reducido apalancamiento, bajos niveles de morosidad y una alta rentabilidad.
Desde el punto de vista cultural y social, las condiciones para el despegue son también óptimas. En la sociedad, a pesar de la existencia de luces y sombras, de no pocas desigualdades y de una alta corrupción, los valores humanos están bien presentes y la institución familiar es central para la vida de las personas. Los gobiernos, unos más que otros, están preocupados por mejorar los patrones de gobernabilidad y por el compromiso con los derechos humanos, algo que en Europa, el viejo y enfermo continente, brilla por su ausencia. La universidad está pujante, los alumnos estudian, tienen hambre de conocimientos, el fracaso escolar es más bajo que en Europa. Es posible poner en marcha iniciativas de vanguardia porque los prejuicios apenas existen.
Iberoamérica es un continente abierto a la vida, al conocimiento. Hay sombras que todos conocemos pero están comprometidos en un desarrollo plenamente humano con especial referencia a los más pobres y desfavorecidos. En no mucho tiempo estarán en el lugar del concierto global que se merecen. Y, mientras, Europa sigue mirándose el ombligo y renunciando a los legados de humanismo y de solidaridad que tanto bien hicieron al mundo. Qué cosas.
Catedrático de derecho administrativo

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