Lunes 22.12.2008
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CON el título en portada The World in 2012 (El Mundo en 2012), la revista británica The Economist dedica un número especial a lo que deparará el próximo año. Sus últimas páginas están destinadas a la investigación científica, y destacan por los tres temas elegidos: el mapa de conexiones del cerebro humano, la lucha contra el cáncer y los experimentos que se están haciendo para probar la existencia de la partícula Higgs.
Sobre estas tres cuestiones, 2012 puede ser un año clave, como queda explícito en los titulares de dos de los temas tratados: Big Science’s big year (El gran año de la gran ciencia), del que es autor el director general de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés), Rolf Heuer, y The year they crack cancer? (El año en que ellos rompieron el cáncer?) de G. Carr.
La cosa tiene su aquel, pues resulta que en las instalaciones del CERN en Ginebra trabajan dos equipos de investigadores de la Universidad de Santiago, y Carlos Pajares, el ex rector de la USC, es el delegado científico de España en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, del que depende el Gran Acelerador de Partículas, más conocido por sus siglas en inglés LHC (Large Hadron Collider).
En lo que hace referencia a las investigaciones genómicas sobre el cáncer, la USC cuenta con una interesante nómina de investigadores dedicados a ello. Ahí bullen, por ejemplo, los trabajos que está dirigiendo el genetista Ángel Carracedo, director de la Fundación Gallega de Medicina Genómica y del Instituto de Medicina Legal. El prestigio internacional que han alcanzado el doctor Carracedo y su equipo llega al punto de que no es descartable que algún día sus trabajos sean recompensados con el Premio Nobel.
Aún así, esos altos niveles de excelencia internacional chocan con la dura realidad: en la Universidad de Santiago el treinta por ciento de su profesorado no ha publicado un artículo científico en el último lustro. De los que sí han publicado, la tercera parte nunca ha sido citada. Es decir, la mitad de los docentes de la USC o no investiga o si investiga sus trabajos son absolutamente irrelevantes.
Ese no es el caso de los 17 investigadores del programa Parga Pondal ni de la mayoría del resto de investigadores encuadrados en otros programas. Sin embargo, injustamente tratados por aquella estructura docente que siente muy poco aprecio por la investigación y se refugia en la burocracia para manejar los hilos de la institución.
El problema está ahí y no sólo en los recortes presupuestarios que suscita la crisis. Si la investigación y la formación de capital fuesen asumidas como auténticas prioridades de la USC, lo último en lo que sus gestores aplicarían la tijera sería precisamente en investigación. Porque el futuro de la universidad ya no está en los títulos, sino en su capacidad para aportarle a la sociedad conocimiento crítico, inquieto, experto e innovador.
Eso es la excelencia; su contrario, un modelo de baja calidad de vida y mano de obra barata.

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