Lunes 22.12.2008
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ANTES se llevaba mucho eso de poner citas en latín. De hecho, en no pocos diccionarios, en no pocos libros de lingüística y quien dice de lingüística dice de esto y de lo otro, solían añadir un apéndice con frases y abreviaturas latinas de uso frecuente. Ahora ya no, ahora es posible que, en alguna ocasión insospechable, se oiga pronunciar sine die de modo que en vez de dejar claro que algo quedará pospuesto ad kalendas graecas (ven, lo que les decía) quede clarísimo que ignoras que será eso de shine day que acaba de restallar como un latigazo.
Si esto es bueno o malo, es algo que no me atreveré a considerar; digamos, al menos, que es indicativo e incluso a sugerir que, para no pocos, puede resultar empobrecedor. Para algunos lo es mucho. Cuando oímos eso del sain dei que quedó escrito unas líneas atrás, quien conmigo estaba, soltó un latinajo que me dejó coronando; dijo, Obstupui, steteruntque comae, et vox faucibus haesit y se quedó tan ancho. Excuso decirles que a mi me dejó lleno de dudas; primero, porque no entendí nada de lo que le había pasado; segundo, porque dejaba en evidencia que mi dominio del latín no pasaba, precisamente, ni pasa, del manejo algo frívolo de ese habitual conjunto de frases y expresiones de uso habitual; ya saben ipso facto y tu quoque Brute filii mei, entre otras lindezas. Pero fíjense si esto era así como yo les digo que las normas ortográficas todavía aconsejan no entrecomillar, ni poner en cursiva, como yo estoy haciendo, este tipo de expresiones por considerarlas de uso común.
¿Qué por qué escribo esto en un día como hoy? ¡Coño, por que mañana es Nochebuena y pasado Navidad y ya que no le puedo pedir la bota a María, ni me quiero emborrachar, sí, al menos, estoy en el derecho de preguntar, por ejemplo, acerca de la necesidad de traducción de expresiones tales como la contenida en la leyenda "paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad" que escrita en latín circula hoy profusamente por Europa entera.
De dónde venimos es cosa sabida y este tipo de cuestiones lo avalan, a dónde nos dirigimos lo ignoramos pero, también este tipo de cuestiones, hacen que nos lo barruntemos. Si bien lo pienso, lo barrunto tanto que podré hacer mía la frase anterior porque a mi también me sucede así cuando caigo en la cuenta de lo que puede estar esperándonos a la vuelta de los años. Obstupui, steteruntque… …"me quedé paralizado, los cabellos se me pusieron de punta y mi voz se estranguló", si se me admite la traducción tan coloquial que hago de Virgilio, que fue quien lo escribió en la Eneida.
Así que nada, a cantar el Adeste fideles que estamos en los días apropiados. La canción, atribuida a Joao IV de Portugal es tan hermosa que al parecer no necesita que sepamos lo que dice. Como el Credo, cuando lo recitábamos en latín; así que la cosa viene de lejos; de lejos, como nosotros, que venimos de hace algo más de dos mil años y no creo que así vayamos todavía más lejos.
Escritor, Premio Nadal
y Nacional de Literatura

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