Lunes 22.12.2008
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Por una vez hay que darle toda la razón a Laporta. A Cataluña la están matando. Hasta aquí, de acuerdo. Lo malo es que con toda seguridad no coincidiremos al señalar quiénes son los matarifes que se están encargando de la faena. Unos dirán que son los españolistas, los que leen a Marsé y a Mendoza sin ocultarse, o los que no quieren desterrar de Cataluña las corridas de toros. Eso, todo Dios al fútbol. ¿Qué es eso de organizar una tanda de 6 morlacos para encerrarlos con José Tomás? ¿Cómo puede llenar eso la Monumental si la misma tarde juega Messi? Mete a un presi futbolero en política y arriésgate a que pasen estas cosas.
Pero, en fin; admitirán los señores Laporta y compañía que hoy por hoy la información se podría titular así: "El setenta por ciento de los catalanes se desentiende de las consultas separatistas". Aun a riesgo de quedarse corto en la cifra, sería una opción tan válida e ilustrativa como otras muchas.
Y ésa es la cuestión. Que no interesa. Ya sabemos que el sentimiento nacionalista es nobilísimo, y pobres de aquéllos que sólo puedan satisfacerlo desde la distancia, por los motivos que sean. Pero claro, de ahí a convertirlo en el único eje vertebrador de toda una acción política, supone entonar un canto a la inoperancia, a la inutilidad y a la cursilería. O lo que es peor, a la promoción de un trauma que la mayoría de catalanes no desea, entre otras razones porque en sus familias siempre hay un abuelo de Segovia, de Montijo, o de Iznájar, y nunca se le tuvo por extranjero.
En cualquier caso ya sabemos que nos esperan muchas más de éstas. Por lo menos será así hasta que el sentido de los votos se lleve por delante a los Laportas, que algún día será, como pronostican todos los antecedentes históricos en este sentido.

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