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Domingo 25.03.2007      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

a bordo

Masoquismo-leninismo

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Tres eran las principales características de las sectas del cristianismo medieval: eran muchas, discutían por cuestiones de detalle y se odiaban con formidable ferocidad. Umberto Eco se acerca a ese mundo con El nombre de la rosa, y a él se aproximan también los debates en que andan enfrascados algunos nacionalistas.

Por si fuera poca la confusión de corrientes dentro del BNG, Beiras auspiciaba estos días una especie de concilio al que se invitó a los hermanos separados del tronco común. Al encuentro se le llamó Rolda de Rebeldía, con lo cual el nacionalismo dio un paso más en su empeño de agotar todas las marcas posibles. Si el principio de la democracia es un hombre, un voto, aquí prima otro parecido: un hombre, una sigla.

Por lo que se sabe, el cónclave tuvo un claro sabor medieval. Un gallego laico que hubiera asistido como espectador se habría encontrado perplejo ante la inalcanzable complejidad de lo que se dijo, sobre todo teniendo en cuenta que casi todos hablaban en su nombre y de su liberación de los diferentes yugos opresores.

Pero si ese gallego fuese un votante nacionalista, su sorpresa sería mayor porque el furor más encendido de las intervenciones se dirigió precisamente contra el BNG, sus estructuras obsoletas, sus traiciones cuando estuvo en el Gobierno y su incapacidad para conectar con la sociedad más revolucionaria. El pobre elector saldría de allí desilusionado y sin rumbo, ya que ninguno de los que señalaban con el dedo los pecados del Bloque era capaz de definir lo que podría sustituirlo en el futuro.

Quizá un nacionalismo medieval, hecho de feudos, condados y marcas con un reyezuelo a la cabeza, feroz en su defensa del minifundismo. Ahora a eso se le llama movimientos sociales. Esa es la palabra mágica y equívoca que se utiliza en estos ambientes. ¿Se refieren a la parroquia del Sar, a la asociación de amas de casa o a la federación de cazadores? Hombre, no. Sólo aluden a las de estricta confianza.

Según cuentan las crónicas, hubo en este punto un intercambio de pareceres interesante entre un Xosé Manuel Beiras que veía a los partidos presa de las oligarquías, y la voz razonable de Xosé Carlos Bascuas, que se preguntaba si ese peligro no existía también en los movimientos sociales. Qué duda cabe, como diría nuestro filosó- fico Arsenio.

En realidad, se quiere buscar en ese asociacionismo a la medida un protagonismo que no se tiene en el país, ni en el BNG. Otra semejanza con las sectas cristianas de antes, o las islámicas de hoy en día. Dado que no se puede triunfar en la corriente mayoritaria, se inventan herejías a propósito. Como en el Bloque no ha tenido suerte, Beiras se inventa otro con ingredientes heterogéneos, como en las recetas de elBulli.

Sale de todo este marasmo marismeño de siglas que agotan la imaginación, una obligada admiración por dos políticos nacionalistas. Visto el panorama; vista la tendencia irrefrenable de algunos elementos hacia la fragmentación, el debate bizantino y el masoquismo-leninismo permanente, hay que alzar respetuosamente los sombreros en honor de Quintana y Paco Rodríguez.

El primero quiso confeccionar con estos y parecidos materiales un partido homologable que no fuera un ovni en medio de la realidad galaica. El otro ha sido capaz de evitar que el BNG fuese un cosmos en constante big bang. Serán lo que ustedes quieran, pero sin ellos el nacionalismo estaría camino de vuelta hacia el Medioevo Morales.

CLRODRIGUEZ@ELCORREOGALLEGO.ES

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