Lunes 22.12.2008
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Para este PSOE radical que dirige ZP no hay más historia que la que cada día fabrican caprichosamente sus laboratorios de intoxicación de la opinión pública. La verdad histórica no cuenta. Para este socialismo, esencialmente sectario, el individuo, la familia y la sociedad deben someterse a los intereses de la colectividad, cuyo supremo y único intérprete es el Estado, encarnado, claro es, en la persona de ZP.
Una de las obsesiones de este personaje, que por un lapsus de la izquierda española es presidente del Gobierno, es la Guerra Civil. Todavía no ha digerido que fueron sus antepasados ideológicos los que la perdieron. Ahora la resucita para tratar de ganarla él a posteriori. Presuntuoso e irresponsable. Despertar a estas alturas de la pacífica vida nacional los odios que conlleva toda contienda civil, abrir las heridas que creíamos que ya estaban cicatrizadas, es un disparate imperdonable. Como decía hace pocos días el teniente general Muñoz-Grandes, que ha guardado hasta el momento un discreto silencio, se están haciendo "interpretaciones sesgadas de la historia que reavivan pasiones ya enterradas". La Ley de la Memoria Histórica es un engendro en sí misma y por mucho que quieran criminalizar a los que ganaron la guerra, la verdad histórica es la que es. Ya pueden retirar estatuas, cambiar nombres a las calles, prohibir el acceso al Valle de los Caídos o querer borrar la gesta del Alcázar de Toledo; las tonterías políticas a la larga quedan al descubierto. Y no olviden ZP y los que le siguen (cada vez menos afortunadamente) que si hoy están donde están es porque hubo una clase política con suficiente altura de miras, generosidad y visión de futuro como para reconocer la excepcionalidad del régimen franquista, hacerse el harakiri y dar paso a la normalidad democrática por la senda constitucional.

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