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Lunes 28.07.2014  | Actualizado 20.52 Hemeroteca web  |  RSS   RSS

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{ políticas de babel}

JOSÉ MANUEL ESTÉVEZ-SAÁ

El miedo a las armas

CON LAS ARMAS no caben medias tintas. O las amas, o las odias. Y aunque la lógica del mundo civilizado y el raciocinio de los países desarrollados invitan a pensar que "las armas las carga el diablo" y que no hay arma más eficaz que la palabra, lo cierto es que son numerosos los contextos geográficos en los que el mercado, el uso, la posesión y disfrute de las armas están más que asentados y asumidos por unos ciudadanos que presumen de sano criterio y recta sensatez.

Estados Unidos es un claro ejemplo. Un país en el que trescientos millones de armas adornan las vitrinas y ocupan los cajones de una población cuyo único temor es encontrarse en una situación de indefensión sin un arma a mano. Un país en el que se contabilizan 88 pistolas por cada 100 habitantes. En el que casi el 75% de la población se resiste a criticar la posesión y el libre comercio de armas. En el que los políticos saben que poner en tela de juicio el derecho a poseer armas supone el fin de su carrera y la caída estrepitosa de su popularidad. En el que tanto el demócrata Barack Obama como su rival republicano, Mitt Romney, olvidan sus recelos respectivos de antaño en Illinois y Massachusetts, se dejan querer por la poderosa Asociación Nacional del Rifle, y se abstienen de condenar los peligros del fervor por las armas de sus conciudadanos incluso en las jornadas posteriores a tragedias como la ocurrida el pasado domingo en Oak Greek, Wisconsin, en la que un hombre blanco asesinó a siete personas en un templo sij, o la acontecida hace tres semanas en un cine de Aurora, Colorado, en la que otro hombre blanco abatiera a doce personas e hiriera a casi sesenta.

Y así podríamos continuar recordando al militar que mató a trece soldados en Tejas en 2009, el joven que mató a diez personas, algunas de su familia, en Alabama ese mismo año, el que mató a 32 en la Universidad Politécnica de Virginia en 2007, o aquellos estudiantes que asesinaron a 12 estudiantes y a un profesor en un instituto de Colorado varios años atrás. Pero estos son solo algunos ejemplos de grandes desdichas protagonizadas por el uso indiscriminado de las armas. Muestras cuyo impacto mediático hace que casi nos olvidemos de los 80 homicidios que se cometen a diario en el país que presume de ser el más avanzado del planeta.

Y lo cierto es que el derecho constitucional que otorga la Segunda Enmienda y la literatura legal que emana de la jurisprudencia y las resoluciones favorables del Tribunal Supremo no parecen ser suficiente razón como para no hacer un alto en el camino y reflexionar seriamente sobre los límites de un derecho que, con demasiada frecuencia, deviene en perjuicio de la libertad más importante de los demás: el derecho a la vida.

www.josemanuelestevezsaa.com

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