Martes 17.06.2008
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Parece que aún estamos en campaña electoral: un anuncio del Gobierno proclama que ha legalizado a 700.000 inmigrantes, "cada uno de los cuales es una oportunidad para nosotros". Una gran oportunidad, sí. Para muchos patronos que al no sufrir inspecciones laborales les pagan sueldos miserables. Que empeorarán con la creciente crisis económica, porque sobrará oferta de mano de obra.
Ya no se necesita ir a África a comprarle a los jefes tribales, los primeros tratantes, sus cautivos de guerra, como hace siglos: los esclavos contemporáneos vienen voluntariamente en pateras, y a falta de trabajo se les pone a malvivir vendiendo baratijas.
Llegan también grandes números de nativos latinoamericanos de ambos sexos: los varones están mal pagados en todos los sectores. La mayoría de las mujeres trabajan sin contrato en casas.
Y por mucha publicidad que se haga sobre su ingreso en la Seguridad Social, todos sabemos que sólo lo consigue una minoría que, además, provoca recelos entre los españoles más desfavorecidos.
Cientos de miles de inmigrantes comenzaron inicialmente a trabajar en el campo. Los patronos no los regularizaban porque si recibían papeles se iban a la construcción, mejor pagada.
Pero la crisis actual está devolviéndolos a la agricultura. Y como sobra oferta, los patronos aprietan con salarios miserables, cuando no ahogan. Que no engañe el Gobierno con su falso humanismo: la inmigración actual se muestra como un nuevo esclavismo.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
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