Lunes 22.12.2008
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Ayer, en Madrid, el presidente de la Generalidad (así decía Tarradellas sin complejos cuando hablaba en castellano), cambió el fondo y la forma del discurso de los últimos días sobre la presunta sentencia del Tribunal Constitucional en torno al Estatuto. Montilla pasó del resistirermos "hasta las últimas consecuencias" a proclamar que las instituciones acatarán la sentencia y la harán cumplir. Sea porque le tranquilza que Zapatero haya pronosticado una "gran sentencia" y aún crea en sus previsiones, o porque los aires madrileños le han hecho recuperar el seny o porque teme que con su deriva hacia al desacato únicamente crearía problemas y además le alejaría del poder en las próximas y cercanas elecciones, lo cierto es que lo dicho en el foro capitalino es bien diferente de sus anteriores soflamas. Como parece que el honorable president ha entrado en razón, que no es otra que acatar las sentencias de los tribunales aunque no te gusten, convendría saber también si el ministro de Justicia, el gallego Caamaño, que gustaría de suceder a Touriño, también mantiene con el mismo ardor sus proclamas a favor de la impecable constitucionalidad de la ley catalana. Si no fuera así, nadie duda de que acataría el fallo, pero el mismo debería cuestionarse si debe seguir en el cargo.

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