Lunes 22.12.2008
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LA MUERTE DE Joaquín Soler Serrano nos ha devuelto, en cosa de segundos, todas la memorias sobre su gran labor periodística. Ahí pasan, puedo verlas, las imágenes y las frases de A fondo, uno de los mejores programas de la historia de la televisión. Claro que Joaquín Soler Serrano no es exclusivamente A fondo, ni mucho menos, pero no somos pocos los que le recordamos por eso. Los que mantenemos en la memoria aquella increíble sucesión de entrevistas, y los que, por supuesto, las hemos recuperado después en ediciones de vídeo o en DVD, las consideramos canónicas en su género. Imprescindibles. La entrevista es, quizás, la forma más extraordinaria de periodismo que conozco. La que más te enriquece, la que te permite ir más allá del papel, la que te pone en contacto con el mundo. Y, por qué no decirlo, la que te proporciona de vez en cuando el conocimiento de alguna alma gemela. La entrevista televisiva ya no es lo que era, ni siquiera la de los días de Quintero, El loco de la colina. Se dirá que me refiero a entrevistas en las que predominaba el mimo por el lenguaje, una cierta retórica literaria, y en este plan. Se me dirá que hablo de entrevistas antiguas. Pero no hablo sólo de los entrevistadores. Hablo también de los entrevistados. Ver A fondo es dar un paseo por la cultura de aquellos años. Un paseo delicado, deliberadamente lento, profundo. Es decir, a fondo. Regresar a aquellos magníficos diálogos con gente como Rafael Alberti, Josep Pla, Elia Kazan, o Salvador Dalí es un lujo que aún podemos darnos. Los franceses han celebrado siempre figuras como la de Bernard Pivot, y sus más de setencientos programas de Apostrophes. Aquí no deberíamos dejar de celebrar nunca la figura del gran Soler Serrano, que se nos ha ido el pasado martes, a la edad de 91 años. Gracias por todo, maestro.

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