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Lunes 22.12.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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MODESTO GÓMEZ

{el despertador}

El nombre de la rosa

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EMPIEZO a escribir esta columna el viernes. El frío siberiano recorre España, haciendo descender los mercurios hasta cifras inéditas en los últimos 60 años. La península se congela. Hasta en Sevilla, acostumbrada a las mieles del tiempo, el clima se enrarece. Es tiempo de cambios. Y mientras algunos nos recuerdan que "los años de nieves lo son también de bienes" (y "Ojalá", que cantaría Silvio), "Sevilla se tiñe de un color especial...". Del rojo de unas rosas que aspiran a renacer entre la escarcha; que se sonrojan y palidecen entre su esplendor y su tempura, su locura y su cordura, su ideario y su diario, buscando encontrar a esa rosa entre las rosas que salpique de frescor su invernadero.

"Sevilla tuvo que ser" de nuevo santo y seña; vivero y cuna; sede de un congreso que, como antaño, hace bueno el consejo de aquel amigo y maestro que siempre me repite, en las horas de trincheras, una singular jaculatoria: "Manos arriba, que vienen los nuestros". Y, poco a poco, fueron llegando...

En la Sevilla de la Barquera desembarcaron 965 delegados. Su misión, redefinir "la respuesta socialista". A la cabeza sólo dos candidatos. Carme llegó primero para alabar la democracia de la rosa. Alfredo, diez minutos después, mostrando su satisfacción, su confianza y el agradecimiento por tantos años. Luego llegó él...

Once años después, Zapatero se presentaba al congreso de su partido. Junto a él, ocho años de gobierno y haber conducido a la socialdemocracia española a la oposición con la mayor derrota electoral de su historia. Su discurso fue plano, monótono y predecible. Su deseo: unidad para el partido, apoyo para el nuevo secretario y la espera de un liderazgo activo capaz de abanderar una oposición constructiva. Justificando sus decisiones, reconociendo sus errores y congratulándose de los aciertos, al final, en un "extraño del guión", optó por regalar dos guiños a Felipe y a Bono... ¿Fraternales u judaicos? He ahí la cuestión. Pero ¿a quién importa ya? "Su tiempo ha terminado". ZP ya es historia y sólo a ella le corresponde juzgarlo de aquí en adelante.

Al pasar la página del viernes, el sábado se encuentra ante un reto: dibujar la rosa del futuro con injertos del pasado. La decisión está entre la candidata que no fue y el candidato que perdió; entre el felipismo y el zapaterismo; entre el socialismo del siglo XX y el del XXI; entre la moderación y la pasión desmesurada... Un juego de pétalos y espinas que, al día siguiente, cuajada la sangre, debe dar paso a un regadío de lealtades y afectos.

Porque todo pasa y todo queda. Y, como la ola de frío, al desvelarse el nombre de la rosa, es de esperar que la tempestad amaine. Por eso hoy, que ya sabemos que la rosa se llama Alfredo, una brisa moderada vuelve a moverlo todo. Y si bien "una rosa, es una rosa", ¿quién iba a decirle a Umberto Eco que la rosa tendría nombre masculino, prefiriendo al tenor frente a la ópera? Quizá a Carmen, tanta pasión, acabó por matarla.

Economista

 

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