Lunes 22.12.2008
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EL PASADO DÍA QUINCE, jueves, Madera hablaba de si lo de gritar bajito era un oxímoron y Cadalso60 de cuando, en los años se-senta, se aconsejaba a los niños de familias bien que no sacasen los bocadillos durante el recreo de-lante de los niños pobres porque había que ser compasivo con los que no tenían, con los que no tienen, diríamos hoy puesto que, de algún modo que veremos, seguimos a las andadas.
Madre y Cadalso60 son dos de los foreros de la página web de este periódico (www.elcorreogallego,es) que yo leo de forma cotidiana y con los que, como verán, tanto me gusta interactuar, tal y como se dice ahora y pese a los peligros que conlleva; pero he de reconocer que me hacen pisar por donde lo hace el buey y que gracias a ellos estoy un poco más al día. Una vez aclarados extremos tales como los que quedan reseñados, prosigamos.
Madera no anda descaminada en cuestiones de terminología literaria, así que nada que objetar, y Cadalso60 hace gala de una memoria, exacta y buena, que yo me voy a permitir apuntalar dado que soy mayor que él, quinta del 45, y aún recuerdo con nitidez los recreos en el campo del Pompeo, como se llamaba el campo del Instituto de El Posío, que ya no se llama así sino de Otero Pedrayo. Entonces era habitual que, cuando alguien se comía una manzana durante la media hora del recreo, surgiese cercana una voz reclamando para sí el carozo, el troncho o el corazón de la manzana. Entonces los plátanos y las naranjas eran, para gran parte de la población, frutas prácticamente exóticas -no en Pontevedra, en donde las había muy buenas, cultivadas, en Vilaboa, por ejemplo- pero sí en Ourense.
Hoy no es lo mismo. Todavía es una indignidad la afirmación de que vivimos en condiciones tercermundistas y sólo los no viajados, sólo los que no salieron de las cuatro paredes de su casa, pueden sentenciar así de inapropiadamente una situación que para sí quisieran la mayoría de los países del mundo. Crisis toda la que queramos, mejor toda la que aguantemos, más no, por favor, pero crisis en uno de los países del planeta en los que vivir constituye un privilegio; desde hace muchos años y al menos de momento. Sólo partiendo de esta realidad lograremos superar la situación que padecemos y podremos volver a los tiempos que añoramos.
Por eso, hablando de lo que es y de lo que no es un oxímoron, digamos "¡Oh, desmayo dichoso! ¡Oh, muerte que das vida!, ¡Oh dulce olvido!" como Fray Luis de León decía; o incluso ¡Oh, cara perdición, oh dulce engaño!, / suave mal, sabroso descontento", que dejó escrito Fernando de Herrera, si queremos referirnos poéticamente a lo que se nos vino encima. Haciéndolo igual conjuramos la posibilidad, siempre real, de que regresen esos tiempos que nos despiertan la nostalgia, sí, sin que por ello tengamos que añorarlos en absoluto, al menos en mi caso. No los echo nada en falta. A pesar de que, disculpen, yo siempre tuviese una manzana.
Escritor, Premio Nadal y Nacional de Literatura

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