Lunes 22.12.2008
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He tenido oportunidad de ver y oír ya varias veces al nuevo ministro de Educación, hermano del conocido periodista y presentador de televisión Iñaki Gabilondo, a quien concedió su primera entrevista, si no me falla la memoria, como ministro y como hermano. Y la verdad es que, desde esa primera aparición televisiva, su deseo de establecer una buena comunicación con todo el mundo aparece muy clara. Y su firme convencimiento de que las directrices de Bolonia para la universidad española son una buena receta aparece igualmente muy claro. La gran novedad, desde el punto de vista de su pertenencia a un Gobierno, es que, en lugar de hablar de ley, habla de orientaciones, directrices, consejos, diálogo? Veremos.
Lo que no dijo, que yo recuerde, es que lo de Bolonia es un gran acuerdo entre políticos europeos fundamentalmente y algunos rectores de universidades europeas, no algo elaborado por la prestigiosa Universidad de Bolonia, que no parece estar muy de acuerdo con lo que de esa reunión internacional europea ha salido. Gabilondo, el ministro, parece estar dispuesto a dialogar de verdad en un país y en un sector donde apenas se practica el diálogo y en el que los encuentros suelen ser tormentosos a la hora de contrastar sugerencias de unos y otros. Su afirmación de que bastaría que un solo estudiante manifestara su desacuerdo con el plan del Gobierno -en virtud de determinados presupuestos intelectuales, argumentos, principios diversos- le llevaría a dialogar con él me parece una bella utopía un tanto demagógica; pero habrá que esperar unas semanas para ver por dónde van los tiros. Entre tanto, alumnos de algunas diplomaturas que hasta ahora se habían demostrado útiles y eficaces y que se quedarán sin grado se movilizan para reclamar su existencia. Es cuestión de esperar a ver en qué acaba todo esto.

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