Lunes 22.12.2008
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BIEN: ya tenemos una nueva Caja. Sin embargo, por faltar le falta incluso el nombre. Aunque entre sus necesidades más importantes y apremiantes está la que el pasado martes señalaba mi colega José Antonio Redondo en estas mismas páginas de EL CORREO GALLEGO, según el cual, para gestionar la nueva Caja hará falta otra también nueva cultura empresarial. ¡Ahí es nada!
El proceso por el que se forjó la fusión de las dos principales cajas de ahorros de Galicia, floreciendo la nueva entidad sin perder esa identidad territorial, no se puede decir que haya sido delicado. Menos aún que no haya dejado mutilados en el campo de batalla. Sigo diciendo que las interferencias políticas en el desarrollo del proceso no aportaron serenidad a las negociaciones ni, consecuentemente, satisfacción para todos. Esto, en realidad, aún está a medio camino.
Tendremos que ir por partes. Como primera tarea aún pendiente está la de la inevitable reducción de la plantilla laboral. Luego la de echar el cierre a algunas de las oficinas, quizá dejando sin servicio cercano a algunos de sus clientes actuales, con el riesgo de que se lleven su cuenta a otra entidad. También habrá que integrar los "sistemas operativos" de ambas organizaciones, desde los impresos de ventanilla hasta los ordenadores. Pero falta también la decisión de reducir drásticamente el número de miembros de los órganos de dirección resultantes de la fusión, para que no parezca que la nueva es la caja de Pancho Villa; no sería aceptable que para los trabajadores se reste pero para los directivos se sume, además de que buena parte de los mismos, seamos sinceros, en la nueva situación o en la que pueda ser previsible tienen más bien poco que aportar. Y por fin, falta por saber si los líderes han quedado a gusto con el parto, sobre todo para estar seguros de que no siguen produciéndose batallas que, por ser soterradas, no tienen por qué ser menos reales ni virulentas.
Pues ahí está: para resolver todo eso es para lo que estoy de acuerdo con Redondo, que se necesita mucha maña, tanto como para que hablemos de una nueva cultura empresarial. ¡Importa la Institución más que tú o yo! ¿Estará claro este tema? Porque puede que deban aceptarse e incluso proponerse decisiones que incluyan costes personalizables; asignarlos y asumirlos con inteligencia y justicia, será la prueba de que, efectivamente, hay rigor empresarial en juego. Y si no, no.
Doctor en Economía

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