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Sábado 18.05.2013  | Actualizado 20.25 Hemeroteca web  |  RSS   RSS

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JAIME RODRÍGUEZ-ARANA

Nuevo código para la politica

DE UN TIEMPO a esta parte proliferan códigos deontológicos, cartas éticas y demás repertorios y síntesis de principios de conducta o comportamiento profesional en los más diversos ramos y sectores. Probablemente, el número de esfuerzos realizados en la materia, por lo menos en este tiempo de crisis general en que vivimos, no corre parejo con la ejemplaridad en tantos órdenes de la vida laboral. Quienes defienden estas iniciativas dicen con razón que al menos sirven para que los profesionales a quienes van dirigidas, y el público en general, sepan los principios de conducta de estos profesionales.

Probablemente, el sector en el que más códigos se han aprobado sea el de la política, el de la función pública en sentido amplio. Seguramente porque el plus de responsabilidad ética que cabe esperar de quienes rigen los destinos de la cosa pública, generalmente admitido por todos, ha sido quebrantado, y de forma grave en estos años. Hoy no hay partido político que no disponga de un código ético y de un comité de ética que, sin embargo, cuándo por alguna razón choca con los intereses de la tecnoestructura, se deja de lado como si nada pasara. Hoy, toda organización o institución que se precie, sea pública o privada, tiene aprobados códigos de conducta, cartas éticas o principios codificados de conducta. Otra cosa es que se cumpla. Ya Aristóteles decía que menos hablar de ética y más practicarla.

El último código que conozco, ojalá corra mejor suerte que tantos otros, es el que se ha elaborado, bajo el liderazgo de la cátedra Ethos de la Universidad catalana Ramón Llull, un grupo de profesores de ética y politólogos de relevante prestigio. En el texto del código se establecen los principios básicos que deben presidir la muy noble actividad política. A saber, la honradez, la justicia, la profesionalidad, el respeto, la responsabilidad, el servicio y la transparencia. A renglón se seguido se establecen las correlativas obligaciones que se derivan de los principios indicados. Se pretende, en definitiva, la muy loable, y pertinente, recuperación de la confianza del pueblo en la actividad política a base de exigir a los integrantes de esta relevante actividad estándares éticos exigentes.

Desde luego, el documento me parece muy atinado, especialmente, además de por el repertorio de los principios señalados, por sentar con meridiana claridad el deber de responder de las acciones públicas y asumir las responsabilidades que se deriven, escuchar y procurar un acuerdo en los temas de interés general, respetarse mutuamente la vida privada, rectificar o revelar las malas prácticas en su partido.

Catedrático de Derecho Administrativo

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