El Correo Gallego

Opinión | opinion@elcorreogallego.es  |   RSS - Opinión RSS

{charabia}

OFIR ABOY GARCÍA

La conquista de la felicidad, ¿utopía?

10.01.2016 
A- A+

El día 1 de enero, como un ancestro ritual que debe acompañar el inicio de un camino hacia el paraíso, cada uno de nosotros realiza firmes propósitos que nos gustaría que se hicieran realidad antes de que las campanadas del siguiente 31 de diciembre vuelvan a sonar. La felicidad completa que tanto anhelamos depende, pues, de ese calendario.

Nos postramos acomodados en la esperanza de que la fecha que hemos elegido es mágica porque sí, y como tal, no cuestionamos si lo que queremos que suceda es verdaderamente lo que nos hará más dichosos, si además estamos preparados para obtener aquello que ahora deseamos, si realmente necesitamos realizar un esfuerzo para conseguirlo o, simplemente, con anhelarlo ya es suficiente ¿Es una utopía ser verdaderamente feliz?

Así, con la mochila repleta de mucha ilusión e imaginación y con los propósitos, metas, desafíos y aspiraciones que nos hayamos marcado, lo que vaya a ocurrir en los siguientes once meses dependerá única y exclusivamente de tres elementos: la elección de lo que queremos que ocurra en este nuevo año (eso que a cada uno nos hará felices, puesto que todavía no lo somos de todo); esperar el paso del tiempo (que el futuro se haga presente, que es donde únicamente puede convertirse esa elección en realidad) y, por supuesto, la convicción de que intervenga la Divina Providencia (que deberá hacer su trabajo, puesto que sin ella complicado tendríamos conseguir la felicidad completa).

De este modo, los meses que quedan por vivir pueden convertirse en una soga o en una explosión de vida, ya que serán el reflejo de haber logrado o no aquello que nos hayamos propuesto. Y así, este ir y venir de los años, cual día de la marmota, continuará infinitamente mientras nuestros fracasos sumen más que nuestros logros, y nuestros pensamientos se limiten a decirnos a nosotros mismos –engañándonos, claro– aquello de "El año que viene, seguro, seré feliz y conseguiré todo lo que me proponga".

¿Sólo existe la felicidad si se consigue con la fuerza que nos proponemos al comienzo, si creemos en el destino que está escrito en nuestro futuro o, acaso, si recibimos un golpe de suerte? ¿Debemos tener fe y esperar a ver qué ocurre en lugar de luchar hasta la extenuación, si es preciso, para conseguirlo?

Walter Benjamin, un gran pensador del idealismo alemán, escribió "Ser feliz significa percibirse a sí mismo sin temor". Quizá ser felices es entonces posible, sin que tengamos que buscar serlo, únicamente como consecuencia inevitable de ser lo que somos y creer en nosotros.

La felicidad, cuando aparece, realmente no necesita de un calendario; ocurre de manera natural, solo debería hacer falta conocernos a nosotros mismos y querer lo que somos, sin máscaras, con total desnudez y sin accesorios, saber cuáles son nuestros límites, aprender a decir no, a ser conscientes de que sin fracasos no hay logros, y que para triunfar necesitamos haber aprendido de los errores del pasado y seguir adelante.

En todo caso, yo me impongo un propósito para este año: no tener miedo a lo que pueda ocurrir, disfrutar de lo bueno que venga, llorar por lo malo que ocurra. Y pedir, por si acaso, ¿por qué no?, que la fuerza me acompañe.

(*) La autora es Licenciada en Derecho