Miércoles 19.06.2013
| Actualizado 11.47
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MARIANO Rajoy se mantiene en sus trece. De su primera entrevista televisiva desde que accedió a la presidencia del Gobierno no se desprende una comunicación clara de planes ni de intenciones. O quizá casi sólo una: que ordenó a Montoro que no perjudicase a los pensionistas con sus recortes, si bien al ser preguntado por si la orden incluía tanto la rebaja de las pensiones como su simple congelación eludió la respuesta. Así que nos quedamos con un casi.
A los jubilados les bastará el ahogo de la pérdida de poder adquisitivo de sus pagas, provocada por la subida de los impuestos, especialmente el IVA, que grava el consumo, al que dedican la parte principal sino la totalidad de sus ingresos. La verdad es que no se merecen más castigo. De los que lleguen a esa condición de aquí en adelante, ya hablaremos; de persistir la situación tan precaria del mercado laboral, es decir, del número de cotizantes a la Seguridad Social, nada bueno podrán esperar.
Y este es un terreno muy delicado para la política. En Galicia quizá más que en ningún otro sitio. Hoy y mañana. Pues en nuestra estructura demográfica no sólo son muchas las personas de más edad, sino que lo seguirán siendo durante unas cuantas décadas más. Y todas ellas son electores. Más vale, pues, que no se enseñoree de sus corazones el miedo. Quizá Mariano Rajoy, por saberlo, sólo avanzó con algo más de claridad en este punto.
En todo lo demás, nada. Lo de siempre. Ya se verá. Incluida la negociación de la condicionalidad del rescate, en la que, vino a decir, no se entrará hasta después de las elecciones regionales en curso. Varias semanas aún. Cuando todo parecía urgente. ¿Aguantará la prima de riesgo tanta espera? Me temo que no. Aunque, oye, por mi ¡ojalá!
En todo caso, es un estilo de juego muy arriesgado: al presidente del Gobierno ya le echaron en cara, con irritación, que retrasase la presentación de los Presupuestos Generales del Estado hasta después de las pasadas elecciones andaluzas, mostrando que su interés partidista primaba sobre el interés general. No fue bonito. Repetirlo podría ser harto más irritante. No beneficiará, desde luego, ni a la credibilidad de España ni a la del señor Rajoy. ¿Un indeciso o un maniobrillas?
Doctor en Economía

19.06.2013
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