Lunes 22.12.2008
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Recientemente, llegó a mis manos, un libro editado por los profesores Nuno Oliveira y Manuel Curado, bajo el título: Pessoas transparentes. Questões actuais de bioética. Esta publicación refleja el excelente nivel en el que se encuentra el pensamiento luso en la actualidad, a juzgar por los artículos que se integran en este estudio, que trata con rigor y crítica mordaz, todos aquellos dilemas en los que nos vemos envueltos como seres humanos, ante los avances científicos. A diario, encontramos noticias sobre: el aborto, la eutanasia, la ingeniería genética, etc y se reacciona ante ellas con una cierta imperturbabilidad de ánimo, porque cuando la información adquiere dominio público tendemos a interpretar que está consensuada por la mayoría o por los expertos, bajo procesos de decisión "democrática" o consensuada.
Nada más lejos de la realidad, pues la reflexión ética, en el ámbito profesional, es una actividad secundaria donde las pretendidas comisiones de bioética son escasas y el derecho a la objeción de conciencia está mal visto por los defensores del conocimiento a ultranza. Pero, debido a la ausencia de este tipo de comités, reducimos la capacidad decisoria al ámbito político, donde se tiende a confundir lo que es ilícito jurídicamente con lo que es eficaz, médicamente. El artículo 22 de la Declaración Universal de Bioética insta a la creación de este tipo de comisiones por parte de las autoridades competentes con el fin de que sean un organismo consultivo capaz de reaccionar deontológicamente y de concienciar cívicamente.
El reto actual es: ¿cómo ponderar la vida en una cultura de la muerte? El resultado es la renuncia a las garantías que se promulgan en los derechos fundamentales, a los que concedemos un valor estrictamente documental o meramente informativo. Probablemente, tenga razón el profesor Curado cuando identifica a los científicos como los nuevos esclavos griegos, capaces de alterar el orden de los existente, pero atados a los límites que les impone la realidad y su propia finitud, con respecto a la evolución de sus descubrimientos. Las decisiones que se tomen ahora condicionarán la calidad de las investigaciones y aplicaciones futuras. El día que dejemos de asombrarnos por estos hechos, ganaremos en hipocresía y perderemos en transparencia.

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