Lunes 22.12.2008
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El mercado inmobiliario sigue parado en Compostela y solo se empieza a notar un pequeño repunte, según los expertos, en las nuevas zonas de expansión, donde los pisos cuentan con lujos tales como garaje, trastero y alguna ventana que no da al tendal donde el vecino cuelga los gayumbos. Esa tendencia a huir del Ensanche y del casco viejo tiene su lógica, porque la vida se ha complicado hasta lo insoportable para unos residentes que no pueden dejar el coche en la calle ni cinco minutos, donde las plazas de garaje superan los 30.000 euros y en donde dormir es a veces imposible por culpa de los botelloneros, pero no nos engañemos, porque no todo es oro lo que reluce en zonas que ahora se cotizan igual o más que el antiguo centro. A saber: ¿alguien puede explicar, con la de talentos que en teoría salen de las universidades de arquitectura y la de urbanistas supuestamente geniales que van con el carnet de guays entre los piños, por qué ahora se diseñan ciudades tan rematadamente feas y hostiles? ¿Alquien comprende por qué surgen unos edificios desperdigados por aquí, otros por allá y otros por acullá sin que entre ellos halla conexión alguna, solo descampados (ahora los llaman parques) sin alma? ¿Por qué infinidad de nuevas urbanizaciones tienen pinta de barriadas sin ordenar cuando en teoría tenemos unos pexoms que son la remilk de estrictos y pensados? ¿Por qué pasan mil años, o más, para que los bajos comerciales empiecen a cobrar vida, si es que la cobran alguna vez? ¿Por qué muchos solo tienen vistas a rotondas o calles que más bien son autovías? ¿Por qué esas urbanizaciones parecen estar siempre desiertas? ¿Por qué por allí nunca pasa nadie que no sea un vecino de la zona? Quien sepa las respuestas, que responda, pero no es de extrañar que los propietarios de pisos ubicados en el centro-centro pidan la releche en verso a cualquier posible comprador. Eso significa, simplemente, que no son tontos y saben que siempre habrá gente interesada en vivir en los barrios tradicionales de las compactas ciudades de antes, por muy incómodas que se hayan vuelto.

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