Lunes 22.12.2008
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Pobre Obama. Sí. Supongo que lo habrán puesto en antecedentes de a donde llega en este su primer viaje a Europa. Lo recibirá un presidente ocasional de la Unión que no cree en ella, que dijo que las decisiones del propio presidente de los Estados Unidos para hacer frente a la crisis financiera y económica internacional eran el boleto de entrada al infierno y que, para hacer todavía más dificil la comprensión a un foráneo, ha perdido una moción de censura en el parlamento de su país, con lo que en cualquier otro estaría inhabilitado para presidirlo. Un tipo, vamos a decir, raro, que en ningún sitio tendría el honor de representar a nadie, recibirá nada menos que al presidente de los Estados Unidos como si el fuera el presidente de la Unión Europea, un igual, que no es ni puede serlo ni harto de alucinógenos.
Este tipo, además, para chantajear a sus ciudadanos a costa de los demás europeos, amenazó con bloquear la aprobación del Tratado de Lisboa en el senado de su país en el caso de que, como así fue, lo derrotasen con la mencionada moción de censura. Eso quiere decir que este mentecato es capaz de paralizar el proceso de institucionalización de la Unión Europea, en el nivel que ya quedó maltrecho cuando franceses, holandeses e irlandeses tuvieron la inmadura ocurrencia de votar contra la ratificación parlamentaria en sus respectivos países de la Constitución Europea. Supongo que con todo esto bastará para que aquellos irreflexivos se hayan arrepentido de haber puesto tan en peligro y en manos, al final, de un tipo tan estúpido, el futuro de todos los europeos.
Nunca antes había pensado en estos términos, pero empiezo a creer que es igualmente irresponsable no incluir en la negociación de los procesos de adhesión a la Unión Europea, dentro del capítulo acerca de la asunción del acervo comunitario, prevenciones expresas respecto de esta posibilidad de chantaje, tanto de los países recién incorporados como de los miembros más antiguos. Incluso me parece conveniente que unos y otros, cuando crean estar incómodos dentro de la Unión, puedan y hasta deban salirse de ella. Si no es obligatorio entrar, tampoco debería ser tan imposible salir. O que al menos su permanencia no tenga costes para los demás, ni con respecto a la culminación institucional ni tampoco hablando de recursos financieros. El precio de la vaquiña.

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