SI es que se ha aprendido algo, porque me temo que no. Todavía están ahí las sorprendentes noticias financieras de 2008 y ya hemos acumulado un sinfín de malas prácticas, muchas de ellas protagonizadas por los mismos sujetos e instituciones que nos metieron en esta madeja de desilusión y recortes, no todos -por cierto- inevitables o insustituibles.
Hace nada, en el extranjero, un individuo que se dedicaba a gestionar -es un decir- dinero de otros a través de un fondo de derivados, intentó suicidarse, sin conseguirlo, pero dejando carta informativa. Había desviado 100 millones de dólares de sus clientes para continuar la bola de nieve. A su vez, otro benefactor de nombre JP Morgan acaba de perder -no él, claro está- un montón inconmensurable de dinero americano utilizando fondos propios de la entidad para actividades especulativas, habiendo aprovechado una rendija legal de la Volcker Rule. La cosa no para aquí, porque un antiguo ejecutivo de Goldman Sachs, exsenador y antiguo gobernador de New Jersey, incorporado a tareas directivas en MF Global, mintió a su banco afirmando que los fondos que depositaba eran propios, presumiendo así de solvencia, pero en realidad pertenecían a sus clientes. Cogido en dificultades por sus especulaciones con deuda soberana europea, no dudó en echar mano del dinero de los demás, quienes habían puesto en él su confianza.
Hay más y porque el espacio es el que es, pues los mangantes siguen campando por sus respetos. La semana pasada ya les conté que en la City londinense, a la hora del café, se juntaban unos cuantos interfectos y manipulaban el tipo de interés Libor en beneficio propio. Bueno, a favor suyo y de sus empleadores, en total una docena de bancos europeos y americanos. Pues hoy concluyo refiriéndoles que en una importante reunión ejecutiva de una entidad financiera, su presidente se ausentó para informar -en beneficio propio- a un hedge fund -fondo de alto riesgo-, de delicados acuerdos unos instantes antes del cierre de los mercados.
En fin, que la normativa reformada tras la crisis de las subprime sigue siendo burlada, evidenciando una inercia incontenible. ¿Están cumpliendo los supervisores su papel? Pues no en la forma en que los ciudadanos esperan de ellos, igual que ha ocurrido por estos lares. Quizá las normas, los reglamentos y todo eso sea ya abundante, y lo que falte sean medios para aplicarlos y, sobre todo, voluntad política. ¿A qué se espera, ya que más cerca del desastre ya no podemos estar?
Catedrático de Hacienda Pública

19.05.2013
Una minirrotonda que confunde al conductor
Papeleras desbordadas en el casco histórico
Unha casa en ruínas que se eterniza en San Paio
Continúa la lacra de las pintadas callejeras
Cierre tirado en la Facultad de Odontoloxía