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Lunes 22.12.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

villa y corte

La política y los toros

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LA POLÍTICA son fuegos artificiales y, a veces, un sacrificio que linda el martirio. La prohibición de las corridas de toros en Cataluña no es una decisión social sino un decreto político. Es una operación en la que se palpan vicios históricos, turbulencias sectarias y suicidios electorales. La política, intriga y viento furioso, se mete en las costumbres porque es insaciable. Los toros vienen de Creta y llegan a Cataluña por el Mediterráneo. De Roma llegó el taurobolium, que era el bautismo iniciático con la sangre del toro. La supresión quema en la hoguera la cultura española, desde los clásicos hasta los modernos, pasando por Goya, Picasso, siguiendo por Ortega, y acabando en Miguel Hernández. Los toros son país pero ahora serán conflicto político y entremés secesionista.

 

SANGRE Y MIERDA, arte y catarsis, interpreta Raúl del Pozo en el mejor comentario escrito estos días sobre la prohibición. La tauromaquia ha enriquecido el lenguaje y unido a los españoles, pero a este paso sólo nos quedará el Corteinglés (sic), lo único que une a las Españas por encima de estatutos y separatismos, que escribe Antonio Brotes. No me va ni me viene, salvo la inmensa tajada cultural de la fiesta y el recorte de libertad que supone. Espectáculo colorista, acudo invitado por mi amigo Rafael Ramos, y ves a miles de extranjeros en Las Ventas con cámaras, tapándose los ojos en la suerte de matar. Es lo que peor se lleva: cuando el diestro no acierta con el acero y se pierde en crueles intentos. La Casa Real reparte papeles: el Rey, heredó de su madre doña María de las Mercedes la afición. La Reina, no gusta de la fiesta. En Las Ventas acompañé al monarca, con Rafael Vera, y conocí a Aznar y Ana Botella. Es conocida la pregunta de Franco a Dominguín: "Oiga, Dominguín, ¿cuál de sus hermanos es el comunista?". "Comunistas somos todos, Excelencia". En los tendidos ves el país, miras la política.

 

MI EXPERIENCIA se limita a la anécdota. En Zamora, solté un breve discurso a las turbas desde el balcón del ayuntamiento de Benavente, autorizando, entre aullidos de la plebe, como en Roma, el comienzo del toro enmaromado. En Bilbao, donde la tauromaquia es el segundo Alberdi Eguna, tenía que asistir a la Semana Grande: a los suculentos almuerzos en la plaza, invitado por el cirujano jefe, gallego de Monforte. En la barrera, el lehendakari Garaicoetxea y yo hablábamos de política. Jon Idígoras, dirigente batasuno, quiso ser torero y, fracasando, accedió a la política. Allí, el jefe superior de Policía, Solsona, me presentó a José Amedo, el de los Gal, que presidía la corrida. Era tío simpático y popular que, siendo de Lugo, me extrañó que entendiese de toros. A Pamplona acudí a los Sanfermines, invitado por Ansuátegui I, emperador de Navarra, como llamaban los batasunos al delegado del Gobierno. El terrible aguacero hacía que el toro abrigase la testuz en el burladero, mientras los aficionados jóvenes se refrescaban arrojándose cubos de vino en las gradas. Los toros, como el fútbol, es política: el pueblo los necesita para entretener sus tristezas.

 

EN GALICIA ES OTRO CANTAR. Me contó Suso Fernández, de Foz, que hace años, incluyeron una novillada en el programa de fiestas. La plaza, portátil, la montaron en un prado con espléndidas vistas al mar. Comenzada la corrida, el público comprobó, estupefacto, que los morlacos no acudían al trapo sino que se afanaban en pacer la jugosa hierba del recinto. Los organizadores no habían previsto estrar la plaza con arena. El cachondeo aún dura. El país gallego no es tierra de lidia, salvo Pontevedra y A Coruña. Fueron las vacas marelas, leche y dura labranza, las que frenaron el hambre e hicieron surco y carro. Pero algún torero de mérito nació en nuestras fragas. Alfonso Cela Vieito, Celita, de Carracedo, concello de Láncara, en Lugo, alcanzó fama. Emigró a Madrid con once años, entrando a trabajar en una carnicería, donde despertó su vocación taurina. Toreó novillada en Madrid el 2 de febrero de 1910 con Dominguín II y Pacomio Peribañez y tomó la alternativa en A Coruña el 15 de septiembre de 1912, de manos de Mejías Bienvenida. Gran estoqueador, valiente y seguro, alcanzó justa fama con la espada. Su mejor tarde la tuvo precisamente en Barcelona, donde lidió reses de Pérez de la Concha, matando seis toros y cortando cinco orejas. Romero de Torres, pintor de la mujer morena, decía que Celita le emocionaba con la espá.

 

OTRO HOMBRE gallego del toro fue Dositeo Rodríguez, Gallego, natural de Gondel en mi Pol natal. Fue gran picador, "de los más señalados entre los mejores de hoy", dice el Cossío. Escribí yo su biografía para Lucensia, contándome su vida sus hijos. Pasó de seminarista a peón y vivió en Lisboa, Sevilla y Madrid. Le descubrió el mítico Joselito, el Gallo, que le vio de albañil: "¡ Resias espardas pa un picaó! ¿Tú quiere zer picaó?". Actuó con matadores de fama y leyenda y ganaderías incluidos los miuras temerarios. Cogido por el toro en Las Ventas, el general Primo de Rivera, presidente del Consejo de Ministros, le visitó en la enfermería. Le dolía más la preocupación de soldado por tener que incorporarse al cuartel, que sus heridas. "Cura tus cornás, chaval, que de la mili me encargo yo". En la monumental de Méjico se negó a picar mientras no arriasen la bandera republicana española que ondeaba en el coso. Fue el propio presidente mejicano, que asistía a la corrida, el que dio la orden. Murió en Madrid en 1959. En Mosteiro vivía su hermano Primitivo, condenado a muerte e indultado por Franco, por comunista. Los toros son política y pueblo: en Cataluña inventan un sucedáneo. Ya los papas prohibieron las corridas por contrarias a la moral pero estaba la Inquisición que eran corridas humanas. Dice Raúl que las cosas que más han divertido a los españoles han sido los autos de fe y los toros. Si al pueblo le quitan los toros, se meterá en política, y eso será la leche. Es lo que pretenden algunos en Cataluña.

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