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Lunes 22.12.2008      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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POR JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

villa y corte

Porque quieren retirar el crucifijo

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El personal no merece que los políticos se desvivan por nosotros. Nos hacen partícipes, cada vez más, de sus silencios y exclusiones. Ahora nos prohíben el crucifijo, símbolo universal, sobre el que se cimentó la cultura occidental. Exhiben hermosas palabras y paraísos tiernos pero les gusta pensar por nosotros, penetrar en nuestra piel. Piensan que la libertad es su propiedad pero el sectarismo su modelo y consigna. Progres a la violeta y oficiantes de la progresía caviar, quieren que circulemos todos por su ruta ideológica. Pero la España invertebrada sólo la vertebra el fútbol o los toros y ahora el paro de cada día. Retirar el crucifijo de las escuelas es provocación más que necesidad. No les gusta este símbolo del proletariado, clase social a la que perteneció Jesús que nació en un pesebre y murió en la cruz. Hoy los proletarios nacen en modernas residencias de la Seguridad Social y mueren sin dolor en las ucis.

¿Por qué quieren retirar el crucifijo?. Tal vez por sectarismo, tal vez por joder al prójimo. Prohibir es una forma de expresar el poder como lo era aquella pintada revolucionaria de "prohibido prohibir". Se prohíbe para que el personal se entere de quién manda. Ya Stuart Mill expresó que había dos inclinaciones: una, el deseo del mando, la otra la repugnancia a soportar el mando. Los revolucionarios franceses abdicaron de su libertad para participar en el poder, pero los ingleses, en cambio, se levantan contra el intento de ejercer sobre el pueblo un poder que no esté sancionado por una larga costumbre o por el derecho. Los aristócratas ingleses, guías de la clase media, escribe Jouvenel, asociaron la libertad a su resistencia a las intromisiones del poder. Entre nosotros es más sencillo: cuando la Iglesia estorba se queman conventos y se fríe a los curas.

Esto del crucifijo traerá otra oleada de rencor y pasión entre la Iglesia y el Gobierno, aunque lo diga el Tribunal Europeo, donde hay más masones que en España. Aquí será un paso más del combate laicista para imponer el espíritu libertario ofreciendo la fiesta agnóstica y la verbena descreída. Por un lado se quieren construir jardines de libertad y por otro esa libertad queda sometida al yugo del sectarismo, a la hoguera pagana de la destrucción de la moral cristiana. Kafka, que era judío, flaco y reprimido, se programaba mirando jais en pelotas y Nabokov se ponía con las mariposas. Digo yo que esa es la libertad porque ninguno de los dos perdía el apetito queriendo ocupar el sitio del otro. Alguna gente de ahora quiere imponer la senda uniforme, el camino único, el gulag de la ideología.

No sé yo si no nos esperan besos fallidos al amanecer. Al Gobierno, que consume su tiempo en los versos de la nueva economía sostenible, se le abren las carnes con los secuestros. Es mala suerte aunque los agoreros de la oposición digan que eso de la alianza de civilizaciones le está saliendo rana a ZP. ¿Nos secuestran barcos y cooperantes porque somos débiles o porque pagamos?. El otro día me dijo una bella cooperante que lo del Índico nos pasa porque nos metemos en los mares repletos de los africanos muertos de hambre. Es una forma de verlo. Piratas y secuestradores no invierten la extorsión en causas humanitarias, sino que la reparten las mafias y otras alkaedas comprando esposas o bombas para matar. Los hologramas del tiempo nos devuelven a Sydney Pollack en las Memorias de África, escrita por la danesa Isak Dinesen con la increíble Meryl Streep y Robert Redford, viviendo sus ardores entre los másais de Kenia y las colinas de Ngong. Al Gobierno le gusta meterse en los charcos y le espera Afganistán. Ese país polvoriento, lejano y talibán, nos devolverá lo que las guerras suelen. Ayudar a Obama, puede salir caro. Hay guerras malditas como hay conflictos que no tienen solución. Antes fue Corea y después Vietnam. Alejandro fracasó en aquellas montañas peladas, y César no se atrevió a continuar. Puede que Obama tenga que envainar el colt. Los políticos saben poco de historia o no tienen memoria. La derrota de Vietnam la hubiera evitado Johnson si hubiese leído al Padre Rivas, dominico español, contemporáneo de José María Díaz Sanjurjo, mi biografiado obispo chairego martirizado en Tonkin. Rivas escribió que los ejércitos extranjeros nunca podrían conquistar el país por su configuración física. Pero los americanos sólo leen a Capote, Hemingway o Steinbeck. Si Obama fracasa en Afganistán se venderán burkas en la Quinta Avenida y aquí tendremos que ceder la Alhambra.

 

Aznar regaló al Rey un jeroglífico de metal. Desde que puso los pies encima de la mesa con Bush, da lecciones de política y bastantes añoran sus años de esplendor cuando le decía a Felipe, "váyase señor González". En FAES, laboratorio de ideas y sueños, Aznar dijo que el futuro depende de la voluntad de actualizar las bases de nuestro éxito colectivo. La figura, protestada por algunos, es, creo yo, la representación mordiente y vanguardista de lo que es hoy la política: un galimatías, un vendaval que derriba crucifijos y creencias, que alberga el peso del desempleo y los alfanjes asesinos de la economía.

Al Ritz llegó Ana Pastor como un temporal del Cantábrico. Barrió la política sanitaria y social del Gobierno con lo suyo, que es el bisturí de médico. Una cascada de males que hay que atacar, errores a enmendar, soluciones a repartir. Los galenos asentían y los políticos afines apoyaban. Bono, soportó impasible la carga de la infantería hasta que, envuelto en una nube de distancias ideológicas, abandonó el salón. Pastor le agradeció la presencia porque Bono va a los campos dialécticos del PP y lleva a su mujer que es gallega. Recetó A. P. remedios infalibles y aplicó terapias finalistas para las dolencias del sistema. Si llega a estar allí Trinidad Jiménez le da un patatús. Los periodistas, notarios infatigables, no pudieron arrancarle a Rajoy, que la presentó aunque no hacía falta presentarla, más datos sobre crisis y celadas. Rajoy es muro infranqueable que resiste todos los equinoccios. Después de los abrazos, Romay Beccaría y yo salimos por el Retiro.

Los fuegos y las pendejadas nunca vienen solas. La ley antidescargas de González-Sinde, patada en el router, incendia la Red y los internautas han declarado la guerra. A la Sinde le dan cuatro días porque los del chat son legión. Acusan a la ministra de sovietizar la web, copiar a Corcuera, cargarse las libertades porque lo pidan los músicos. ZP, alarmado, salió de bombero. La saharaui Haidar sigue en su hambre voluntaria, mientras Zapatero no abarata el despido. Creer en un político es el único exceso que uno se puede permitir, por eso he visto estos días a Jaime Mayor Oreja que no tiene secretos sobre Europa y alguno me ha contado.

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