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Domingo 23.11.2014  | Actualizado 02.54 Hemeroteca web  |  RSS   RSS

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DEMETRIO PELÁEZ CASAL

Productos milagrosos en la tele

Pese a que algunos se nos ha ido la olla tras hacernos adictos a programas nocturnos basados en anuncios de productos milagrosos (mola especialmente el de una pistola turboláser que pinta paredes en un plis plas sin manchar nada), nos sentimos plenamente capacitados para darles una serie de útiles consejos a los policías locales de Santiago sobre el correcto lavado de un vehículo a motor, sobre todo ahora que los coches patrulla tendrán que salir duchados de casa con el fin de reducir un poco los gastos municipales.

El primer consejo, y sin duda el más fundamental, es que no hagan caso a las órdenes de Raxoi y vuelvan a llevar sus monturas a los puentes de lavado de las gasolineras, porque al final sale más barato que hacerlo uno mismo, salvo que dicha limpieza se reduzca a un simple manguerazo mezclado con un poco de jabón del malo. Por el contrario, si se dejan llevar por los citados anuncios televisivos , se verán incitados a adquirir una larga serie de productos tirando a caros y que, lejos de servir para algo, acabando guarreando el buga más de lo que estaba. Mucho ojo, por ejemplo, con los sprays autobrillantes para los salpicaderos y cremas milagrosas para la carrocería que tanto promocionan en dichos programas nocturnos, porque para lo único que sirven es para crear una resbaladiza y brillantosa película que, en vez de repeler el polvo, acaba formando una costra más pegajosa que un reguero de miel. Con los pañuelillos limpiacristales y los desempañadores de parabrisas ocurre exactamente lo mismo, y de los supuestos limpiadores de llantas es mejor no hablar, porque tienen aspecto de corroerte la mano entera si tienes el infortunio de entrar en contacto con ellos.

De todas formas, y aunque bastantes de esos artículos suelen ser una vil engañifla, ver dichos espacios resulta menos nocivo para la mente que los que, de un tiempo a esta parte, inundan la parrilla de forma creciente hasta bien entrada la madrugada y en los que aparecen extrañas pitonisas y meigos con una pinta de vendemotos ciertamente preocupante, o bien jovenzuelos gritones que nos animan a realizar tontas pruebas de habilidad a cambio de unos pocos euros. Pese a todo, no es el aspecto o la labia de estos personajes lo que más llama la atención al espectador, sino que detrás de ellos, fíjense, salen casi siempre unos guitarristas cuya música no se oye y que nadie sabe qué hacen allí, ni siquiera si tocan o son simples figurantes, como ocurre en una de las escenas más divertidas de la surrealista película El jovencito Frankestein. En fin..., el caso es que muchos pensábamos que la TDT y la consiguiente eclosión de canales gratuitos sería una panacea, una orgía de disfrute nocturno frente al televisor, pero ya ven en lo que se ha quedado el invento, en una cascada de frikadas para insomnes masocas. Casi resulta más entretenido invertir el tiempo en lavar el coche en soledad. Al menos te libras de escuchar y de ver gilipolleces.

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