Lunes 22.12.2008
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Garzón es un juez que, a lo largo de su carrera, lleva hecho muchas cosas bien; al menos eso afirman muchos, pues así lo creen. No es de extrañar que concite las simpatías de innúmeros seguidores que justifican en esa ejecutoria sus reclamaciones en pro de la exhoneración de los cargos que se le imputan por la presunta extralimitación en la tramitación de un expediente. Otros afirman que se le incoa el suyo por haber instruido el de las víctimas del franquismo.
Conocí yo a una chica, casada con un buen chico del Opus que, después de no sé cuántos años de irreprochable vida conyugal, una mañana se despertó espeso y se cargó a mi amiga; después, se cargó también a los cinco hijos habidos del matrimonio, y, más tarde, no se llevó por delante a una mucama portuguesa, con la que ambos contaban para el mejor gobierno de la casa, porque la garota, al verle las intenciones, echó a correr como alma que lleva el diablo. Desde entonces, el buen chico del Opus es un homicida. Supongo que también algo esquizofrénico y, dicho por la antigua, manicomiable. Espero que ya se haya curado y que esté en libertad, tanto como lamento la desaparición de quien fue mi amiga, tuvo cinco hijos y se casó enamorada de ese buen chico del Opus.
Garzón tiene incoado un expediente, pero parece que no por todo lo que ha hecho bien, que es mucho, sino por lo poco que hizo mal durante unos días en los que también se debió despertar espeso. Quien lo defienda, debiera hacerlo en nombre del afecto y de la amistad, no tanto como de su irreprochable ejecutoria. Hay conductores de automóviles que circulan con habilidad y prudencia pero si, por un despiste, se ponen a 140 donde no debieran superar los 120 y les pilla una pareja de la Benemérita, institución que fundó el duque de Ahumada para la represión de bandoleros y asaltantes de caminos, se convierten en infractores, en cometedores de un delito en décimas de segundo, las que tarda en funcionar la cámara fotográfica del radar, camuflada en cualquier vuelta de la carretera. Y no valdrán milongas. Pagarán por ello. Como pagó el viudo por propia voluntad que se cargó a mi amiga. Excuso decirles si ese conductor mata a alguien. Si lo de Garzón es como se dice, deberíamos todos ser más cuidadosos. Acabo de enterarme que el 70% de los españoles estamos convencidos de que la administración de justicia es una macana. Hace unos días, también un 70%, se manifestaba incrédulo respecto de la valía y capacidad de nuestros políticos. Mal asunto. Urge empezar a recuperar la confianza en los pilares básicos del estado. El poder ejecutivo y el judicial ya están, al menos en la opinión pública, tocados. ¿Hablamos del poder legislativo?

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