Lunes 22.12.2008
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Tengo la impresión de que nunca la tramitación de los Presupuestos de la Xunta tuvo tan escaso interés en la opinión pública como este año. El proceso de elaboración, discusión y aprobación de las cuentas del próximo ejercicio pasó sin pena ni gloria. Ya sea porque la crisis hace mella hasta en los ímpetus de la oposición o porque cuando no hay, poco se puede rascar, el caso es que el presidente Feijóo y la conselleira Fernández Currás no tuvieron que esforzarse mucho para sacarlos formalmente adelante. Más complicado será ejecutarlos porque el escenario económico es el peor desde que existe la Xunta. Por vez primera disminuyen y no ocurre lo mismo con las necesidades, que cada año se incrementan. Habrá que hacer encaje de bolillos.
Pero si fue fácil cuadrar en el papel ingresos y gastos, queda ahora lo más complicado, conseguir los recursos para abordar los proyectos. Porque la recaudación por impuestos disminuirá y las transferencias del Estado también. En cualquier caso, son los primeros presupuestos del actual Gobierno y cuando menos parecen realistas.
La actitud blanda de la oposición es definitoria de un estado anímico poco combativo en este asunto. Carlos Aymerich solventó su intervención con unos cuantos adjetivos ya conocidos y poco originales; y Pachi Vázquez trató de buscar protagonismo intruduciendo en la agenda política del día el asunto de las cajas. Y bien que lo consiguió. Su propuesta de retrasar la aprobación de la ley de cajas ha causado sorpresa desviando hacia aquí el debate político de la jornada, lo que irritó a sus socios de oposición. Vázquez tiene bastante razón, pero debería haberlo dicho antes. La duda está en saber si fue iniciativa propia y únicamente suya o se inspiró en el pensamiento de José Blanco. Si fuere cosa del ministro, o sea del Gobierno, cambiaría bastante el panorama.

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