Lunes 22.12.2008
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En el ¿lejano? 1938 María Zambrano escribió un no muy extenso, pero si muy denso artículo en La Vanguardia. Lo leo ahora, fragmentado, en un libro que acaba de aparecer publicado por Editorial Berenice bajo la firma de Rogelio Martínez. Se titula María Zambrano: la dama peregrina. Es un libro útil, habiendo como hay tantos inútiles. Léanlo. Si quieren, naturalmente.
¿Responde el título al personaje que en él se contiene? Es decir, ¿fue o no una peregrina la filósofa, nacida en Vélez-Málaga y discípula de Ortega y Gasset, coincidente el suyo, en no pocas oportunidades, con el pensamiento de Hannat Arendt? Es evidente que sí, que lo fue. También es evidente que fue toda una dama, muy fumadora, es cierto, pero toda una dama. Con pocos humos mentales y sin ninguna ínfula vana, es cierto.
Este acercamiento a su figura que pretende ser el texto de Rogelio Martínez, ilustrado con textos inéditos de la filósofa, es lo que nos muestra: Una dama, capaz de peregrinar desde la ciudad de Santiago de Chile, en donde su marido era secretario de la Embajada de España, a un Madrid convulso y desahuciado que comienza a mostrar como definitivos los postreros estertores de su vida bajo una Constitución y un Gobierno republicanos. Cuando es interrogada acerca del porqué de su regreso a una ciudad que ya no alberga esperanza alguna, en la que ya todo está perdido, responde que precisamente "por eso".
No sé si antes o después de ese regreso, pero en todo caso en fechas próximas a él, es cuando María Zambrano escribe el pequeño artículo que se rememoraba al comienzo de este. En él dice que "es aquí, en la tierra, en donde existen el infierno, (el lugar en donde no se ama), y la gloria, el mal y la necesidad ineludible de vencerlo". Se me antojan unas palabras oportunas, amén de hermosas. Lutero le llamaba al Purgatorio El Tercer Lugar. No creo que fuese un sentimiento de desprecio el que lo indujo a llamarle así, al menos si es cierto lo que me parece recordar que afirmaba al expresar que, a diferencia del cielo y del infierno, en él hay futuro, lo que equivale a decir que hay esperanza. Por eso al infierno se le vence y se le destruye si se pretende alcanzar si no la gloria sí la paz que todo humano se merece. Lo digo porque no sé qué tiempos vienen, pero se me antojan todavía más difíciles que los actuales y poco pacíficos. Ojalá no salgamos de este Purgatorio actual y nos mantengamos lejos de arrostrar la posibilidad de encontrar la gloria a fuerza de renegar del infierno que algunos vaticinan. Me refiero al infierno que según María Zambrano representan las actitudes y los sentimientos propios de cualquier totalitarismo.

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